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14.2.18

PARASHAT TERUMA – Construyendo entre nosotros


BS’D

                El tema principal que contiene la sección de Torá que leemos esta semana es la construcción del Mishkan, el Tabernáculo, ‘templo móvil’ que acompañaría al Pueblo de Israel en su travesía por el desierto. Dios le da la orden a Moshé de que tome las ofrendas que voluntariamente traigan los hijos de Israel para su construcción. Les dice qué elementos y donaciones tomar de entre lo que le traigan, y luego viene el versículo más conocido de esta parasha: “Harán ellos, en Mi Nombre, un santuario (Mikdash) y Yo residiré entre ellos” (Shemot/Éxodo 25:8).
                Luego de cinco versículos donde se describen distintos materiales, les dice que lo que quiere que construyan es un Mikdash, que devendrá en el ya mencionado Mishkan. Un detalle: ‘Mikdash’ que traducimos como santuario, expresa una idea de consagración, de santidad. Como lo explica el comentarista Ibn Ezra es llamado ‘Mikdash’ por cuanto que allí residiría Dios. ‘Mishkan’ por otro lado, nos habla de habitar, de residir en cierto lugar/espacio físico. Otro detalle, quizás más llamativo: Dios no dice ‘residiré en él’, sino ‘residiré entre ellos’ (Shelah, Rabi Ishaiahu Horowitz). Dios pide un lugar donde el pueblo se reúna, para así poder Él residir entre ellos.
                ¿Acaso Dios no podría residir ‘entre ellos’ estén donde estén? Esto pareciera indicarnos que la lectura que tenemos que hacer fuera otra. ¿Qué significa que Dios resida ‘entre nosotros’? Quizás signifique que tengamos más espiritualidad, quizás que podamos vivir en paz y armonía, quizás que nos respetemos entre todos los seres humanos. No tenemos una única respuesta y muchas otras ideas podrían agregarse a estas.
                Ahora, vale la pregunta: ¿Cómo construir un espacio digno de que en él habite Dios? Quizás el siguiente relato nos ayude a tener un enfoque del tema.
                Se cuenta que cuando Rabi Shalom de Belz puso la piedra fundamental de su sinagoga, rezó a Dios pidiéndole que toda persona que vaya allí a rezar, su oración sea escuchada en los Cielos. ... Él mismo se ocupaba de ciertos detalles de la construcción. Y era sabido entre los seguidores del Rabi Shalom de Belz, que este Beit HaKneset se seguiría construyendo hasta la llegada del mesías, ya que a propósito no terminó por completo su construcción, para que en cada generación sigan sumando a su construcción…  Incluso, una vez quisieron darle a Rabi Shalom una gran suma de dinero para que concluya la construcción de la sinagoga, él se rehusó a aceptar el dinero y dijo: ‘Es mi voluntad que todo Israel tenga parte en este Beit HaKneset’.
                Pedir por el otro, poner la fuerza de trabajo a disposición, ocuparse de los detalles, saber que no todo comienza y no se termina en uno mismo, siempre teniendo la intención de sumar nuevos brazos y nuevas voluntades.
                Siguiendo esta línea, lo sagrado se construye entre todos, aportando cada uno lo suyo, tomando en nuestras manos la construcción de una comunidad donde queramos seguir sumando ‘ladrillos’, tomando lo que nos dejaron las generaciones anteriores, formando las generaciones futuras y al momento de terminar nuestra parte, saber que ellos, los que vienen detrás nuestro, serán capaces de seguir construyendo una sociedad y un mundo mejor. Así, con la ayuda del Cielo, podremos seguir trabajando en la construcción de nuestros lugares sagrados.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Rabino Meir Szames

9.11.15

PARASHAT MIKETZ: La veneración y la hermandad.

BERESHIT (GÉNESIS) 41:1- 44:17

                Esta parashá consagrará a Iosef como uno de los hombres más importantes de nuestra Tradición, lo convertirá en Iosef HaTzadik.
                El faraón soñará con sietes vacas gordas que son devoradas por siete vacas flacas. Ningún mago ni adivino egipcio logra dilucidar el enigma. Hasta que el jefe de los coperos recuerda que había un joven hebreo encarcelado en la mazmorra que tenía habilidades especiales para develar el significado de los sueños.  Iosef, invocando y reconociendo la ayuda y el consejo divinos, saldrá tan bien parado de esta situación, que el faraón lo pondrá a cargo del gobierno de todo Egipto.
                En ese nuevo rol, se reencontrará con sus hermanos, quienes lo dejaron abandonado en un profundo pozo, de lo que resultaría vendido como esclavo a Egipto; fingieron su muerte y se la anunciaron a su padre Iaacov.
                Eran años de “vacas flacas”, de sequía para toda la zona. Gracias a las previsiones que tomara Iosef, Egipto tenía alimentos para resistir tantos años de sequía. Iaacov enviará a sus diez hijos mayores a comprar víveres a Egipto.
                Dice la Torá: ‘Vinieron los hijos de Israel (Bnei Israel) para mercar entre los vinientes, pues había hambre en la tierra de Canaan’ (42:5).
                Iosef no se dará a conocer a sus hermanos hasta la parashá siguiente, Vaigash. Pero en un momento de tensión con sus hermanos, él les dirá que hagan lo que les dice, más exactamente les dice: “Hagan esto y habrán de vivir — a Elohim yo venero” (42:18).
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                Se cuenta que, en un pequeño pueblo en la montaña, las personas, que trabajaban en la cosecha y en la recolección de madera, salían de sus casas con una soga atada a la cintura de un lado, y el otro extremo atado a sus hogares.
                De este modo, si se perdían por las inclemencias climáticas, en la nieve, o porque la noche los encontraba lejos, simplemente tenían que ir volviendo guiándose con la cuerda que los unía a sus hogares.
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                Hasta ahora había aprendido que el Minian, la base mínima de diez integrantes de una comunidad, se los aprende comparando a los diez exploradores que mintieron sobre la Tierra Prometida, y llevaron al Pueblo de Israel al castigo divino de deambular cuarenta años por el desierto (Parashat Shlaj Lejá, Libro de Bemidbar). Diez exploradores = diez para el Minian.
                Hace poquito vi una fuente, que a pesar de no ser la que marca la tendencia legal, quisiera compartirla con ustedes: el número 10, que marca el mínimo de integrantes para un Minian, para poder realizar todo tipo de Tefilot, que nos permite leer de la Torá y recitar Kadish, según esta opinión talmúdica, podría aprenderse de los diez hermanos de Iosef, que en esta parashá son llamados Bnei Israel, hijos de Israel (Iaacov), por primera vez (Talmud Ierushalmi Meguilá 4:4). Se podría comparar este versículo donde dice ‘Bnei Israel’, con el versículo de Vaikrá que dice ”VeNikdashti be-toj Bnei Israely me santificaré dentro de los hijos de Israel, Yo soy Adonai, El que los santifica” (Levítico 22:32).

                En ese encuentro de Iosef con sus hermanos, abundan la tensión y la desconfianza. Hasta que, en medio de idas y vueltas, Iosef, sin decirle que él era su hermano, les dice: yo venero a Elohim.
                Esa soga, esa guía, atada hace generaciones, permite que pasados algunos eventos, se produzca el reencuentro fraternal.
                Quizás ese pueda ser un desafío interesante para esa gran Kehilá que formamos los miembros del Pueblo de Israel, que además de nuestro amor, respeto y apego a la letra, seamos capaces de mantener en alza el espíritu. Nuestro único interés no podrá ser mantenernos refugiados en saber que tenemos un número ‘diez‘ seguro. Tendremos que arriesgarnos a ser hermanos, tendremos que desafiarnos a la hermandad y a la santificación del nombre divino a través de todos nuestros actos actos.

                Como dice el Martín Fierro, los hermanos sean unidos, pues esa es la ley primera.
                Que podamos buscar reunirnos en comunidad, en Kehilá, a través de ese hilo conductor que a través de las generaciones nos lleva por los caminos de la Torá y nuestra Tradición.
                Que logremos encontrarnos en el amor por el Otro y en la experiencia de lo trascendente.

¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ!
¡JANUCA SAMEAJ!
Meir Szames