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31.7.20

Parashat Vaetjanan – 5780

BS'D

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Debarim - Deuteronomio 3:23 - 7:11

Este Shabat llega un día después de uno de los momentos más tristes y de reflexión del calendario hebreo: Tisha BeAv. Y por esto mismo, este Shabat tiene un nombre especial, se llama Shabat Najamú. Se llama así porque esa es la primera palabra que encabeza la Haftará, que se lee del libro del profeta Yeshaiahu.

Una pequeña aclaración respecto a la Haftará: A partir del primer shabat después del 9 de Av y durante siete shabatot consecutivos, se leerán siete profecías de Yeshaiahu conocidas como: “shibá denejamata” –las siete (haftarot) de consuelo-. Estas haftarot no presentan analogía alguna con las parashiot de cada semana. El tema central de las mismas es reconfortar paulatina y sostenidamente al pueblo de Israel luego de Tisha beAv.

Mientras que las haftarot de infortunio cubren un período de tres semanas (en la previa de Tisha BeAv), las de consuelo ocupan siete semanas, indicando, según palabras de nuestros sabios, que la Benevolencia de Dios. es más duradera que Su ira.

Este periodo de siete semanas concluye el shabat anterior a Rosh Hashana.

 

Ahora sí, hecha esta introducción sobre el Shabat especial que viviremos esta noche, hablaremos sobre la porción de Torá que nos toca esta semana, que se llama Vaetjanan, y se traduce como: “Yo había rogado…”, refiriéndose a Moshé pidiéndole al Kadosh Baruj Hu que le permita entrar a la Tierra Prometida.

Empezando a analizar la parashá de esta semana, podemos encontrar tres ejes principales:

·         El primero, como mencioné recién, al comienzo de la Parashá, donde Moshé le cuenta a la nueva generación como él intentó y rogó para entrar a la Tierra Prometida, la Tierra de Israel, y Dios se lo negó.

·         El segundo eje, en el capítulo 5, es formado por los 10 Mandamientos, Aseret HaDivrot, que son repetidos aquí por Moshé a la nueva generación, quienes eran muy pequeños o no habían nacido en el momento de la entrega de la Torá, a los pies del Monté Sinaí.

·         El tercer eje, es sin lugar a dudas, una parte central de la Torá, fundamental para nuestra Tradición, y vital para cada uno de nosotros: En el capítulo 6 encontramos el Shemá Israel, con su primer párrafo. Esta declaración de la unicidad de Dios, que repetimos cada día, al anochecer y al amanecer, y que acompaña los momentos más dolorosos y más alegres de nuestras vidas.

 

La línea que según mi visión une estos tres ejes es la relación de padres con hijos, de los mayores con los menores, de las generaciones unas con otras.

Veamos un poco esto desde adentro de la Parashá:

Moshé se encuentra a casi 40 años después de la salida de Egipto con toda una nueva generación frente a él, ya todos los que eran mayores en el momento del éxodo, que se habían criado en la esclavitud de Mitzraim, no estaban más. La que tienen en frente es una generación nueva. Una generación nacida y criada en un contexto extraordinario, como lo es el desierto. Moshé se toma sus últimos momentos de vida para repetir y reiterar consejos y leyes, para que les quede claro a los nuevos integrantes del pueblo, que ellos debían continuar con la aceptación, aplicación y acrecentamiento de la tradición de Am Israel, del Pueblo de Israel.

Tan patente es esto, que se da un cambio notorio dentro de los 10 Mandamientos, nada más y nada menos que en los 10 Mandamientos:

En el mandamiento del Shabat, se cambia el fundamento del cumplimiento del Shabat: En el libro de Shemot-Éxodo, el Shabat debe ser recordado por ser el día en que Dios terminó su obra de creación, y descansó. En nuestra parashá nos encontramos con lo siguiente[1]… En el cuarto mandamiento se nos dice: Observa el día de Shabat para consagrarlo, como te ha ordenado Ado-nai, tu D’s. Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo. Pero el día séptimo es Shabbat, para Adonai, tu D’s.; no harás labor alguna, ...

Hasta ahí salvo la primer palabra, que en Éxodo decía Zajor – Recuerda, y aquí dice Shamor – Observa/cuida, no hay gran cambio. Los sabios explican que Shamor veZajor bedibur ejad, Shamor y Zajor fueron dichos de una sola vez por Dios, como cantamos en el Lejá Dodí.

Pero quiero retomar la línea que estoy mencionando. Al final de este mandamiento ya no se nombra la creación del mundo, sino que se nos da una motivación distinta para el Shabat, dice así: Habrás de recordar que esclavo fuiste en la tierra de Egipto y que te Sacó Ado-nai, tu D’s., de allí con poder fuerte y brazo tendido; por esto te ha ordenado Ado-nai, tu D’s., observar el día de Shabat.

La motivación ya no es la creación del mundo en siete días, ocurrida un par de milenios atrás. El fundamento que da Moshé a la nueva generación para observar el Shabat es un acontecimiento más propio, más cercano, apenas de la generación anterior, donde quizás alguno de los presentes era niño o adolescente. Ya no se trata de un motivo histórico lejano, sino de algo propio y cercano.

Y a continuación, en el quinto mandamiento, se nos ordena Kivud Av VaEm, Honra a tu padre y a tu madre -como te ha ordenado Ado-nai, tu D’s.- ya que se habrán de prolongar tus días, y para que sea bien para ti sobre la tierra, que Ado-nai, tu D’s., te da a ti.

El respeto a nuestros padres, a nuestros mayores, algo que hoy en día “no está a la moda”, forma parte central de nuestra tradición.

Una posible pregunta sería: ¿Solamente los hijos deben respetar a los padres? ¿Qué pasa con los padres en su trato con los hijos?

Allí respondemos con el Shemá Israel, una primera respuesta a esa pregunta.

El Shemá nos dice: Amarás, a tu Dios.

Les enseñarás a tus hijos. Le enseñarás siempre, le repetirás con amor cada buena enseñanza que tengas para darle, en toda ocasión, en cada momento del día, al amanecer, y también al anochecer, cuando estés cansado de todo el trabajo del largo día.

 

Y lo segundo que tengo para agregar en nombre de esta parashá respecto a qué pasa con los padres en su trato con los hijos, es que luego de que se nos dice de prestar atención a que todo lo que tenemos y nos alegra no nos llega exclusivamente de nuestro esfuerzo material, y luego de que se nos dice que “Habrás de hacer lo recto y lo bueno a ojos de Ado-nai”,  nos dice expresamente nuestra Torá (Debarim 6:20):

Cuando te preguntare tu hijo mañana diciendo: ¿Qué son los preceptos testimoniales y los fueros y las leyes EDOT, JUKIM MISHPATIM que ha ordenado Ado-nai, nuestro D’s., a vosotros?

Responde la Torá: Habrás de decir a tu hijo: Esclavos fuimos de Paró en Mitzraim; y nos sacó Ado-nai de Egipto con poder fuerte.

Y sigue describiendo como el Kadosh Baruj Hu nos sacó de Egipto, y nos dio la Tierra Prometida, y las mitzvot, para que vivamos en ellas[2].

Como explica el Rab Mordejai Edery Z”L en su comentario a la Torá: “CUANDO TE PREGUNTARE TU HIJO...”

Si bien la Torá pide al hijo que respete a sus padres, en este versículo se nos pide que prestemos atención a sus preguntas minuciosas y puntuales.

Mientras nuestros hijos son todavía infantes tenemos que prepararnos para recibir de buen grado, de buena forma “las preguntas que nos formularán” y contestarlas diligentemente.

No debemos contestar a nuestros hijos relatándoles los grandes eventos como meros datos históricos, sino como medios para el fin que aparece en los versículos que venimos tratando.

Los Sabios del Midrash, en un pasaje que figura también en la Hagadá de Pesaj atribuyen esta pregunta acerca de las leyes que tenemos al más sabio de nuestros hijos.

Los Sabios del Talmud ponderan a los “grandes” que escuchan a los “chicos”. “Feliz es la generación en la cual los grandes dan la razón a los chicos… ya que entonces llegan a la conclusión irrefutable del respeto que ellos le deben a sus mayores” (T.B. Rosh Hashanáh 25:B).

 

La parasha de esta semana nos dice a todos nosotros, los “grandes”, que debemos explicar las cosas de un modo amoroso, de un modo que se puedan entender. La pregunta que tengo, y que no conozco la respuesta exacta, ni única, ni definitiva es: ¿Cómo le hablamos a las nuevas generaciones? ¿Será posible mantener nuestra tradición viva? ¿Podremos como Moshé lo hizo, hacer sentir la tradición judía cercana a los jóvenes y a los no tan jóvenes?

Hace algunas generaciones quizás nosotros no nos preguntábamos muchas preguntas, aceptábamos la autoridad de nuestros padres y nuestros mayores, y hacíamos caso. Hoy, el mundo cambió, las nuevas generaciones no tienen tan clara la autoridad, entienden mucho más del amor, y dentro de ese amor, los chicos tienen nuevas preguntas, mejores preguntas que las anteriores, y hay que saber responder a esas preguntas. Papá ¿por qué hacemos Shabat? Papá ¿por qué comemos kasher? ¿Por qué los Tefilin son así? Etc, etc. Cada uno en su casa con las preguntas que hacen los pequeños. Hay que saber explicar, con amor, con altura y no con explicaciones, las que podríamos llamar “infantiles”, menospreciando a nuestros niños, sino entendiendo que ellos están nutriéndose con esas preguntas y esperan respuestas que también los nutran. Nosotros tenemos que nutrir esos jóvenes corazones con los mejores valores de nuestra tradición.

Las respuestas que demos quizás no sean verdades absolutas y terminantes, pero serán respuestas sinceras, amorosas, de corazón. Y abrirán las puertas de otras nuevas preguntas.

El desafío está, según mi humilde opinión, en seguir buscando la forma, el contenido, la manera de llegar al corazón de los judíos, de todas las edades, y lograr que se sientan parte de su tradición, se sientan curiosos como niños respecto a su tradición, que los espera para abrazarlos y ayudarles a recibir algunas respuestas y generar nuevas preguntas.

Como dice el Pirkei Avot, lo alejá ha-melajá ligmor no te corresponde terminar toda la labor, ve-lo atá ben jorín libatel mimena pero no podes dejar de intentar hacer tu parte del trabajo.

 

Les deseo un hermoso Shabat, Shabat Shalom.

 

Rab Meir Szames

 

 



[1] (Capítulo 5):

12: Observa el día de Shabat para consagrarlo, como te ha ordenado Ado-nai, tu D’s.

13. Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo.

14. Empero el día séptimo es Shabbat, para Adonai, tu D’s.; no harás trabajo alguno, ni tú ni tu hijo ni tu hija, ni tu siervo ni tu sierva, ni tu buey ni tu as no ni ninguna de tus bestias, ni tu extranjero que mora en tus ciudades; para que repose tu siervo y tu sierva, como tú.

15. Habrás de recordar que esclavo fuiste en la tierra de Egipto y que te Sacó Ado-nai, tu D’s., de allí con poder fuerte y brazo tendido; por esto te ha ordenado Ado-nai, tu D’s., observar el día de Shabbat.

 

[2] 22. Y realizó Adonai signos y portentos, magnos y destructivos, en Egipto contra Parhóh y contra toda su casa a nuestros ojos.

23. Empero a nosotros nos sacó de allí, para traernos, para darnos la tierra que ha prometido a nuestros patriarcas.

24. Nos ha ordenado Adonai, cumplir todos los fueros estos: para venerar a Adonai nuestro D’s., para nuestro bien, durante todos los días, para mantener nos en vida, como este día de hoy.

25. Y mérito será para nosotros cuando cuidemos para cumplir toda la ordenanza esta, ante Adonai, nuestro D’s., como nos ha ordenado.


6.2.19

Parashat Terumá - Lo realmente sagrado


BS’D

(Dedicado a mis morim, que me formaron y me forman, y a mis talmidim, que día a día me enseñan y me ayudan a seguir aprendiendo).

“Ve-asú li mikdash ve-shajantí be-tojam”
Harán ellos, en Mi Nombre, un santuario y Yo residiré entre ellos (Shemot-Éxodo 25:8).

La parashá de esta semana comienza con una orden, la mitzvá de construir un Beit HaMikdash[u1] . Aunque no vamos a hacer un estudio exhaustivo del tema, voy a citar algunas opiniones al respecto.

Este mandamiento positivo consiste en construir una casa dedicada a Adonai. Y aunque pareciera  por el lenguaje del versículo, que el mismo se refiere sólo al Mishkán (es decir, al Tabernáculo, o en otras palabras al templo móvil utilizado en el desierto), sostienen los sabios de distintas épocas, que se trata de una mitzvá dirigida a todas las generaciones (véase Rashi, Rambam, entre otros, al respecto).

 Las visiones del Rambam y de Rambán al respecto se debaten el modo en que este precepto debe ser llevado a cabo: ¿Acaso el mismo implica construcción de un templo que debiera tener todo lo necesario para realizar allí ofrendas y sacrificios, o  solamente bastaría con una casa para que en ella resida la shejiná, la presencia divina.

Es atrapante el debate sobre la construcción misma, es decir, sobre quién debería construir el Beit Hamikdash, el tercero.

Ese tercer Beit Hamikdash sería construido cuando llegue el Mashiaj. Según algunas opiniones, lo construirán las personas (Rambam, Hiljot Melajim 11:1), mientras que según otra opinión el mismo llegará ya construido desde el cielo (véase Rashi en el Talmud de Babilonia, Tratado de Rosh Hashaná 30a, entre otras opiniones).

El Rambam dice que la construcción recae sobre el tzibur, es decir, sobre la congregación, y no sobre las personas en tanto individuos. Pero una vez que se decida construirlo, todos debemos construirlo y aportar para su construcción, tanto varones como mujeres (Hiljot Beit Habejirá 1:12, entre otros). Todos deberíamos ser presurosos  en cuanto a la construcción del Templo, con una hermosa excepción: quienes están estudiando. Dice el Talmud: אין מבטלין תינוקות של בית רבן אפילו לבנין בית המקדש. No se debe suspender las clases de Torá de los niños ni siquiera para construir el Beit Hamikdash (Talmud de Babilonia, Tratado de Shabat, 119b; véase también Mishné Torá, Hiljot Talmud Torá 2:2, Shulján Aruj, Ioré Deá 245:13).

Recapitulando: el Beit Hamikdash aparece para muchos como el lugar más importante dentro de la tradición judía. Allí residió, reside y residirá la presencia divina, la  shejiná.
Vemos que hay gente que se entrena para el momento de la construcción porque considera que es inminente que ocurra. Otros lo miran con escepticismo. Otros ni siquiera piensan en eso.

Sin necesidad de afiliarnos en este momento a ninguna postura, es importante notar qué es lo realmente importante:  al llegar el Mashiaj, y dar la orden de construir el Tercer Templo, todos estaríamos obligados a construirlo, pero sobre todo, aunque eso pase o no, no podemos dejar de pensar y de ocuparnos de la educación de los niños y niñas, de los jóvenes en general.

Dedicarnos a construir futuro, acompañar a los más chicos, a nuevas generaciones de estudiantes, líderes y maestros para Am Israel, va a ser siempre la prioridad número uno.

Es un objetivo que parece simple, pero quienes se dedican a la educación saben de lo complejo e importante que resulta lograr una buena educación.

No deja de sorprender que hasta lo que pareciera lo más santo de todo, se vea superado por la sacralidad del estudio. Creo que esto se debe a lo liberador del estudio, como dice el Pirkei Avot: “Las tablas eran obra de Dios, asimismo como la escritura grabada ( “jarut”) sobre ellas (Shemot 32:16). Léase “jerut” (libertad) en lugar de Jarut (grabado), ya que sólo se considera libre aquel que estudia la Torá, pues el estudio lo eleva” (Pirkei Avot 6:2). El estudio sincero y bien direccionado, nos libera de lo no deseado,  nos  permite elegir libremente lo que queremos.

La educación que vamos a dar va a ser una herramienta liberadora, de acercamiento a lo trascendente, a lo sagrado.

Sirvan estas líneas de homenaje a quienes dedican su día a día y brindan sus vidas a la educación, ya que no es seguro que sean recompensados materialmente, pero sí tendrán la recompensa del reconocimiento de sus alumnos.

¡Shabat shalom umevoraj!

Rabino Meir Szames