3.11.16

UN MIDRASH POR SEMANA - Parashat Noaj

                                                                                                                                                         בס'ד

Et ha-Elo-him italej Noaj…
            “Con Dios se encaminó Noaj” (Bereshit – Génesis 6:9). Debatían Rabí Iehuda y Rabí Nejemia sobre el significado de este versículo.
            Explicaba Rabi Iehuda este versículo con la siguiente comparación: es el caso de un rey que tiene dos hijos, uno mayor y uno pequeño. Al pequeño le dice que vaya a su lado, y al mayor lo deja ir libremente delante de él. Así, Abraham, que poseía múltiples virtudes, podía ir delante de Dios. Noaj, que era un poco más limitado, marchaba junto a Dios.
            Dijo Rabí Nejemia: al amado del Rey, que estaba deambulando por pasillos oscuros, lo vio el rey y le dijo que viniera y se quedara al lado suyo. En el caso de Abraham, el Rey está yendo por pasillos oscuros, lo ve su preferido (del Rey) y lo alumbra desde la ventana. El Rey le dice: deja de alumbrarme desde la ventana, e ilumina el camino delante de mí. Así le dice el Kadosh Baruj Hu a Abraham: ¿Qué haces iluminándome desde la Mesopotamia y sus alrededores? Ven y alúmbrame el camino delante de mí, en la Tierra de Israel. Así está escrito (Bereshit 48:15) “y bendijo a Iosef diciendo: "El Di-s, el que ante su presencia se han encaminado mis padres Abraham e Itzjak, el Di-s que me conduce a mí desde mi existir hasta el día de hoy…” (BERESHIT RABA – Parashat Noaj – Sección 30:5)

            Este midrash, viene a preguntarse que significa la expresión que aparece en el primer versículo de esta parashá. ¿Qué implica que Noaj haya caminado junto a Dios? El midrash rápidamente nos pone un par de opciones y ejemplos, que tienden a responder a la pregunta de por qué, a pesar de que la Torá dice que Noaj fue un justo en su generación, luego, no tiene ningún tipo de relevancia como patriarca o antecesor del pueblo judío.
            La respuesta viene con una comparación nada sencilla para el bueno de Noaj, lo comparan con nuestro primer patriarca: Abraham Avinu (de quien la Torá dice en Bereshit 17:1 “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando Ado-nai se le apareció a Abram y le dijo: Yo soy El-Shaddai, ¡encamínate delante de Mí y sé íntegro!”).

            Noaj, parece ser lo suficientemente bueno como para ir de la mano de Dios, pero no para ganarse la libertad y el honor de ir haciendo lo que corresponde sin el respectivo cuidado divino.
            Abraham, en cambio, quien marca el comienzo de nuestro pueblo, sale adelante, va al frente, no se queda esperando pasivamente ordenes, sino que busca iluminar el camino delante suyo, llevando a Dios como estandarte.
            Nosotros, como herederos de la tradición de Abraham Avinu, estamos llamados a buscar la luz, la cual debemos usar para iluminarnos el camino, y lograr seguir los pasos de nuestro pueblo y nuestra tradición.

MITZVAT ADO-NAI BARA MEIRAT EINAIM
Las mitzvot de Ado-nai con su pureza iluminan los ojos.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ

Rab Meir Szames

27.10.16

UN MIDRASH POR SEMANA - Parashat Bereshit

בס'ד

Comenzamos un nuevo ciclo de lectura de la Torá. Es mi intención intentar compartir un breve midrash cada semana, que nos deje alguna enseñanza para los tiempos que corren.

Bereshit bará Elo-him…
            “En el principio del crear de Dios los cielos y la tierra” (Bereshit-Génesis 1:1) Explicó Rabi Hoshaia Raba sobre el versículo del libro de Mishlei-Proverbios 8:30 que dice: “yo estaba junto a Él, como un arquitecto (Amón). Y era diariamente Su delicia, jugando siempre delante de Él”. ¿Qué significa este versículo de Proverbios? Amón (arquitecto), hay que entender que se refiere a un Umán (artesano), como si la Torá dijese: yo fui el plano de la creación del Kadosh Baruj Hu. Como pasa en la vida cotidiana: un rey de carne y hueso construye un palacio, no lo hace según su parecer únicamente, sino que tiene un arquitecto, y el arquitecto mismo no lo construye según su simple parecer, sino que tiene un plano a seguir, así sabe como va a construir cada espacio del palacio – así el Kadosh Baruj Hu mira en la Torá y construye el mundo. Y la Torá dice: “En el principio –bereshit- del crear de Dios” y no hay otro principio –reshit- que la Torá misma, como está dicho: “Ado-nai me hizo como el principio de Su camino (Mishlei 8:22)” (Extraído de BERESHIT RABA[1] Parashá 1:1).

            Con este midrash, se inicia el libro de Bereshit Rabá. En él, es comparada la Torá, con el plano que usa un constructor o un arquitecto para diseñar, en este caso un palacio. Dios, según este midrash, crea al mundo usando de guía a la Torá.

            Así nosotros, que intentamos vivir en este mundo, tenemos la posibilidad de mejorarlo –Tikun Olam-, siendo mejores personas, mejores padres, mejores amigos, mediante la misma guía que usa Dios para crear al mundo: La Torá y la tradición del pueblo judío que desde hace varios milenios venimos desarrollando y recreando.
            Que comencemos este nuevo ciclo de lectura de la Torá, releyendo cada versículo y haciéndolo nuestro camino y parte de nuestra vida.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ

Rab Meir Szames




[1] Bereshit Rabá es un midrash que data aproximadamente del siglo 5 de la Era Común, compilado por jajamim de Eretz Israel.
Hay también un Shemot Rabá, Vaikrá Rabá, Bemidvar Rabá y Debarim Rabá, aunque se suelen imprimir juntos bajo el nombre “Midrash Rabá”, no pertenecen a un mismo período de tiempo, y tienen diferentes formas de explicar los textos de la Torá.
El Midrash es una técnica de interpretación de los textos bíblicos, donde los sabios se abocan a interpretar los textos sagrados del pueblo de Israel, de modo de trasmitir un mensaje a la congregación o a sus colegas (según distintas opiniones académicas)

13.3.16

PARASHAT VAIKRÁ – Iafé asita col ma she-asita (Bien has hecho todo lo que has hecho)

Vaikrá (Levítico) 1:1-5:26

                Comenzamos a recorrer juntos el tercer libro de la Torá, Sefer Vaikrá, con la parashá que lleva ese mismo nombre.
                En esta sección de la Torá (y en buena parte de este libro de Levítico) encontraremos las reglas pertenecientes a los distintos Korbanot (ofrendas rituales) que se hacían por distintos motivos (algunos eran permanentes, otros para pedir perdón por algún error cometido, o para agradecer por algún acontecimiento personal) y de distintos tipos (animal, vegetal, etc.).
                En el comienzo de la segunda aliá, en Vaikrá 1:14-17, se describe la ofrenda que se realizaba con un par de tórtolas o palomas. Allí se explica qué se hará específicamente con estos animalitos, el actuar del Cohen (Sacerdote) y cómo se consumirá enteramente  la ofrenda sobre el altar (Korbán 'Olá). Específicamente, dice el versículo 17: "Lo despedazará con su plumaje, mas no habrá de separarlo… ושסע אתו בכנפיו ולא יבדיל".
                Explica el Rab Mordejai Edery (según Rashi): "Esto se hacía para que el oferente, que era un hombre pobre, no se sintiera incómodo, ante la pequeñez "física" de su sacrificio, ya que una vez desplumada la tórtola o el palomino, la ofrenda se reduciría notablemente. Una vez más, la Torá nos enseña a tener sensibilidad para todo tipo de persona".
                ¿Cómo se entiende esto? Veamos el siguiente Midrash (en Vaikrá Rabá – 3:5[1]):
                Dijo Rabí Iojanan: una persona común que huele el aroma de las "alas", al ser quemadas sobre el altar, siente un olor tan fuerte que le es difícil de soportar. Y entonces, ¿por qué se pide que sea esto así (que se ponga el animal entero sobre el altar)? Para que el Altar esté embellecido para el Korban del desposeído.
                Se cuenta que una vez el Rey Agripas (recordado para bien en las fuentes judías) dio la orden de ofrendar mil ofrendas de ascensión (‘olot’) en un solo día. Y dio la siguiente orden al Cohen (Sacerdote): "Qué nadie, excepto yo, ofrezca ofrendas en el día de hoy".
                Ese mismo día, vino un desposeído con dos palomas en sus manos y pidió: "Ofrezcan por mí estas palomas". A lo que respondió el Cohen: "El Rey me ordenó que nadie acerque sus ofrendas en el día de hoy, excepto él". Entonces el desposeído le dijo: "Adoní HaCohen –mi señor sacerdote-, yo atrapo cuatro palomas todos los días, ofrezco en ofrenda dos, y me quedo con otras dos para comerlas. Si Usted no me permite ofrendar estas dos, usted me está cortando mi parnasá (Este hombre creía y estaba convencido que su subsistencia se debía a que él ofrecía cada día las otras dos palomas)". En ese mismo momento el Cohen tomó las dos palomas y las ofreció como Korbán sobre el altar.
                Esa noche, entre sueños, el Rey Agripas escuchaba una voz que le decía: "La ofrenda de un desposeído es más importante que la tuya".
                A la mañana siguiente el Rey le dijo al Cohen: "¡¿Acaso no te ordené que nadie excepto yo podía ofrecer ofrendas?!". A esta pregunta proveniente del rey, el Cohen le relata todo lo acontecido y termina preguntando: "¡¿No era correspondiente que yo ofrezca el Korbán de este hombre?! ". A lo que el rey respondió: "Muy bien has hecho todo lo que has hecho יפה עשיתה כל מה שעשיתה".
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                Hace algún tiempo, un martes a la mañana en los que estudiamos Halajá en el Seminario Rabínico, mientras leíamos el Shulján Aruj, mi maestro el Rab Ariel Stofenmacher nos dijo: "Alguno podría pensar que pierde el 10 % de su dinero haciendo Tzedaká, pero en realidad está ganando el otro 90 %". (En referencia a lo escrito en el Shulján Aruj – Ioré Deá – Leyes de Tzedaká (Simán 449:1)[2]: "La cantidad que uno debe dar (de Tzedaká), si está dentro de sus posibilidades, es dar todo lo que necesiten los pobres. Y si su mano no alcanza para todo esto, lo más loable es entregar hasta un quinto (20%) de sus bienes en Tzedaká, la medida media es el 10%, de aquí para abajo, no es lo recomendable"…).
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                El Midrash que estudiamos arriba, así como el breve relato de la clase de halajá, nos dan una perspectiva de un tema que nos atañe a todos: Aportar.
                La Tradición judía hace mucho hincapié en el aporte de cada uno, tanto económico como accionando en las Mitzvot.
                Alguno podría sentir que su aporte no dará frutos, por ser muy pequeño y considerarlo insuficiente, pero no es tan así, ya que si entendemos el aporte de cada uno de nosotros como esencial, y este surge desde las entrañas mismas del sentimiento, siempre será trascendente y significativo.
                Como dicen Nuestros Sabios en el Talmud "Tanto el que logra aportar mucho o poco son meritorios, sólo que dirijan su corazón al Cielo (que tengan las mejores intenciones) אחד המרבה ואחד הממעיט ובלבד שיכוין לבו לשמים " (Talmud Bavli - Brajot 5b).
                La posibilidad de siempre mejorar la situación personal, comunitaria y social en la que vivimos depende en buena parte de nosotros mismos.
                El aporte que tenés para hacer es enorme, siempre que des lo mejor que tenés.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
שבת שלום ומבורך
Meir Szames



[1] ויקרא רבה (מרגליות) פרשת ויקרא פרשה ג
ה] ושסע אתו בכנפיו ולא יבדיל (ויקרא א, יז). אמ' ר' יוחנן הדיוט הזה אם מריח הוא ריח כנפיו נפשו סוללת עליו ואת אמ' יקרב לגבי מזבח, וכל כך למה, כדי שיהא מזבח מהודר בקורבנו שלעני. אגריפס המלך ביקש להקריב אלף עולות ביום אחד. שלח ואמ' לכהן אל יקריב אדם היום חוץ ממני. בא עני אחד ובידו שני תורין אמ' לו הקריב לי את אילו, אמ' לו המלך ציוני ואמ' לי אל יקרב אדם חוץ ממני היום. אמ' לו אדני כהן ארבעה אני צד בכל יום, אני מקריב שנים ומתפרנס בשנים, אם אי אתה מקריבן אתה חותך פרנסתי. נטלן והקריבן. נראה לו לאגריפס המלך בחלום קרבנו שלעני קדמך. שלח ואמ' לכהן לא כך אמרתי לך אל יקריב אדם חוץ ממני היום. אמ' לו אדני המלך בא עני אחד ובידו שני תורין אמ' לי הקריב לי את אילו. אמרתי לו המלך ציוני ואמ' לי אל יקריב אדם חוץ ממני היום, אמ' לי ארבעה אני צד בכל יום, אני מקריב שנים ומתפרנס בשנים, אם אי אתה מקריבן אתה חותך פרנסתי, לא היה לי להקריב. אמ' לו יפה עשיתה כל מה שעשיתה.
[2] שולחן ערוך יורה דעה הלכות צדקה סימן רמט - כמה חייב ליתן וכיצד יתננה, ובו ט"ז סעיפים. סעיף א: שיעור נתינתה, אם ידו משגת יתן א כפי צורך העניים. ואם אין ידו משגת כל כך, יתן עד חומש נכסיו, מצוה מן המובחר; ואחד מעשרה, מדה בינונית; פחות מכאן, עין רעה. וחומש זה שאמרו, שנה ראשונה מהקרן, מכאן ואילך חומש  שהרויח בכל שנה. הגה: ואל יבזבז אדם יותר מחומש, שלא יצטרך לבריות. ודוקא כל ימי חייו, אבל בשעת מותו יכול אדם ליתן צדקה כל מה שירצה. ואין לעשות ממעשר שלו דבר מצוה, כגון נרות לבית הכנסת או שאר דבר מצוה, רק יתננו לעניים.

17.1.16

PARASHAT BESHALAJ. ¿Desierto o libertad eternas?

Shemot (Éxodo) 13:17 - 17:16

                Los preparativos para la salida de Mitzraim ya están listos. El Pueblo de Israel está iniciando su camino a la libertad.
                Y sorprende el tercer versículo de esta parashá “Y tomó Moshé los huesos de Iosef con él, porque él juramentar había juramentado a los hijos de Israel diciendo: Recordar habrá de recordar Elohim a ustedes y harán ascender mis huesos de aquí, con ustedes” (Shemot 13:19).
                En nuestro viaje a intentar de entender mejor este tramo de la Torá, nos acompañará el Midrash llamado ‘MEJILTA DERABI ISHMAEL’ (Parashat BeShalaj - edición de Horovitz-Rabin págs.. 78 y 79), que con la frase Va-ikaj Moshé et atzamot Iosef imó… empieza a delinear varias ideas de las razones que hacen que Moshé lleve consigo los huesos de Iosef, cumpliendo lo que éste había pedido a los hijos de Israel para cuando los redimiera el Eterno.
                Dice el Midrash: este versículo viene a reconocer la sabiduría y bondad de Moshé, ya que todos los de Israel estaban ocupados en recolectar elementos de oro y plata, y Moshé estaba ocupándose de Mitzvot.
                Y más adelante nos traerá un relato maravilloso:
                El “arón” de Iosef (arca que lleva sus restos) va junto al “Arón Jei HaOlamim” (el arca donde van las Tablas de la Torá, es llamado por el Midrash como el ‘arca del que vive por siempre’).
                Y los transeúntes que se cruzan por el camino con el Pueblo de Israel dicen: ¿cuál es la cualidad de estas dos arcas? Y los Bnei Israel responden: este es el arca de un muerto, y este es el arca del Jei HaOlamim (del que vive eternamente).
                Y entonces preguntan: ¿Cuál es la cualidad de este muerto para ir junto al arca del Jei HaOlamim? A lo que responden: el que va dentro de este cajón (Iosef), cumple y mantiene lo que está escrito dentro de este otro arca (La Torá).

                ¿Qué quiere enseñarnos este Midrash? ¿Se imaginaron alguna vez que el cajón de Iosef iba al lado del Arca del Pacto?
                Iosef HaTzadik, el Justo, una de las figuras centrales de la Torá, goza de un prestigio que trasciende su vida física. Una vez muerto, y pasados largos años de su partida, Moshé, el más grande los Maestros y Profetas, se ocupa de cumplir con la promesa que realizan los Bnei Israel. Promesa realizada por los hermanos de Iosef, y que es transmitida de generación en generación hasta que llega el momento en que Moshé se ocupa de cumplir la promesa. (Se dice que cuando uno hace una Mitzvá hacia un muerto, hace Jesed veEmet, bondad y verdad, basado en Bereshit 47:29, cuando Iaacov le pide a Iosef que lleve sus restos mortales a la Tierra Prometida).
                Que Moshé se ocupe personalmente de una Mitzvá, no nos sorprende.
                Pero ¿qué significa lo que nos trae el Midrash cuando dice que un arca está relacionada con el otro?

                Nuestra conducta está marcada por siglos de recorrido común como Pueblo de Israel. Moshé Rabeinu, Iosef, Nuestros Patriarcas en la Torá, los Profetas, los Jajamim (Sabios) desde la Mishná y el Talmud, pasando por la Edad Media con Rashi y Maimónides, llegando a los padres y constructores de Medinat Israel con Hertzl, Bialik, Ben Gurión, Itzjak Rabín, Ariel Sharón. Cito sólo algunos ejemplos porque la lista se hace enorme. Nos encanta compararnos con sus figuras históricas. Es hermoso pensar y sentir que somos sus herederos directos. Que encarnamos todo lo que ellos hubieran querido de nosotros.
                Después nos miramos un poco más íntimamente, y nos damos cuenta que esa es una linda aspiración, pero que muchas veces por ignorancia, y otras tantas veces a propósito, nos corremos de sus caminos.

                El Aron Jei HaOlamim del Midrash, viene a reflejar la palabra y la acción eternas para Am Israel. Y el de Iosef, nos simboliza que nos quedan muchas promesas por cumplir.

                Para la vida eterna del Pueblo de Israel, tendremos que seguir cumpliendo en palabras y, sobre todo, en acciones, nuestro legado.
                No tenemos que sentir que ese legado nos oprime. Ese legado milenario sin dudas, deberemos prometernos, nos liberará una vez más.
                Nos dará la posibilidad de pensar mejor, de sentir más y, si logramos abrevar de él, a accionar mejor.

                En momentos donde bocas y plumas inescrupulosas nos ponen de ejemplo de lo malo que sucede en el mundo, demostremos con nuestras acciones, y no sólo con broncas y palabras al viento, que somos aquellos mismos que se prometieron ser luz para las naciones.
                El camino para salir de Mitzraim nos llevará por situaciones como estas, juntos vamos a poder atravesar los desiertos modernos. Que sea difícil no significa ni que sea malo ni imposible, simplemente, es un gran desafío que tenemos frente.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Meir Szames

9.11.15

PARASHAT MIKETZ: La veneración y la hermandad.

BERESHIT (GÉNESIS) 41:1- 44:17

                Esta parashá consagrará a Iosef como uno de los hombres más importantes de nuestra Tradición, lo convertirá en Iosef HaTzadik.
                El faraón soñará con sietes vacas gordas que son devoradas por siete vacas flacas. Ningún mago ni adivino egipcio logra dilucidar el enigma. Hasta que el jefe de los coperos recuerda que había un joven hebreo encarcelado en la mazmorra que tenía habilidades especiales para develar el significado de los sueños.  Iosef, invocando y reconociendo la ayuda y el consejo divinos, saldrá tan bien parado de esta situación, que el faraón lo pondrá a cargo del gobierno de todo Egipto.
                En ese nuevo rol, se reencontrará con sus hermanos, quienes lo dejaron abandonado en un profundo pozo, de lo que resultaría vendido como esclavo a Egipto; fingieron su muerte y se la anunciaron a su padre Iaacov.
                Eran años de “vacas flacas”, de sequía para toda la zona. Gracias a las previsiones que tomara Iosef, Egipto tenía alimentos para resistir tantos años de sequía. Iaacov enviará a sus diez hijos mayores a comprar víveres a Egipto.
                Dice la Torá: ‘Vinieron los hijos de Israel (Bnei Israel) para mercar entre los vinientes, pues había hambre en la tierra de Canaan’ (42:5).
                Iosef no se dará a conocer a sus hermanos hasta la parashá siguiente, Vaigash. Pero en un momento de tensión con sus hermanos, él les dirá que hagan lo que les dice, más exactamente les dice: “Hagan esto y habrán de vivir — a Elohim yo venero” (42:18).
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                Se cuenta que, en un pequeño pueblo en la montaña, las personas, que trabajaban en la cosecha y en la recolección de madera, salían de sus casas con una soga atada a la cintura de un lado, y el otro extremo atado a sus hogares.
                De este modo, si se perdían por las inclemencias climáticas, en la nieve, o porque la noche los encontraba lejos, simplemente tenían que ir volviendo guiándose con la cuerda que los unía a sus hogares.
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                Hasta ahora había aprendido que el Minian, la base mínima de diez integrantes de una comunidad, se los aprende comparando a los diez exploradores que mintieron sobre la Tierra Prometida, y llevaron al Pueblo de Israel al castigo divino de deambular cuarenta años por el desierto (Parashat Shlaj Lejá, Libro de Bemidbar). Diez exploradores = diez para el Minian.
                Hace poquito vi una fuente, que a pesar de no ser la que marca la tendencia legal, quisiera compartirla con ustedes: el número 10, que marca el mínimo de integrantes para un Minian, para poder realizar todo tipo de Tefilot, que nos permite leer de la Torá y recitar Kadish, según esta opinión talmúdica, podría aprenderse de los diez hermanos de Iosef, que en esta parashá son llamados Bnei Israel, hijos de Israel (Iaacov), por primera vez (Talmud Ierushalmi Meguilá 4:4). Se podría comparar este versículo donde dice ‘Bnei Israel’, con el versículo de Vaikrá que dice ”VeNikdashti be-toj Bnei Israely me santificaré dentro de los hijos de Israel, Yo soy Adonai, El que los santifica” (Levítico 22:32).

                En ese encuentro de Iosef con sus hermanos, abundan la tensión y la desconfianza. Hasta que, en medio de idas y vueltas, Iosef, sin decirle que él era su hermano, les dice: yo venero a Elohim.
                Esa soga, esa guía, atada hace generaciones, permite que pasados algunos eventos, se produzca el reencuentro fraternal.
                Quizás ese pueda ser un desafío interesante para esa gran Kehilá que formamos los miembros del Pueblo de Israel, que además de nuestro amor, respeto y apego a la letra, seamos capaces de mantener en alza el espíritu. Nuestro único interés no podrá ser mantenernos refugiados en saber que tenemos un número ‘diez‘ seguro. Tendremos que arriesgarnos a ser hermanos, tendremos que desafiarnos a la hermandad y a la santificación del nombre divino a través de todos nuestros actos actos.

                Como dice el Martín Fierro, los hermanos sean unidos, pues esa es la ley primera.
                Que podamos buscar reunirnos en comunidad, en Kehilá, a través de ese hilo conductor que a través de las generaciones nos lleva por los caminos de la Torá y nuestra Tradición.
                Que logremos encontrarnos en el amor por el Otro y en la experiencia de lo trascendente.

¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ!
¡JANUCA SAMEAJ!
Meir Szames

22.10.15

PARASHAT VAIESHEV - “DE JUZGAR Y RECONOCER”

Bereshit (Génesis) 37: 1 - 40:23

                La parashá de esta semana trae varios de los capítulos más conocidos de la historia de Iosef. Pero en el medio de esas historias, en el capítulo 38, trae una un poco menos conocida, pero claramente muy trascendente para los judíos: La historia de Iehudá y Tamar.
                Iehudá, hijo de Iaacov, tenía tres hijos. Tamar es tomada por esposa para el primero de ellos, Her. Al morir este, el segundo hijo –Onan- toma por esposa a Tamar. Él también muere, y Iehudá en lugar de entregar a su tercer hijo – Sheláh-, le pide a Tamar que espere en “su viudez” a que este hijo crezca un poco más para que la tome por esposa (recomiendo la lectura de este capítulo 38, es muy interesante: Iehudá temía que Tamar provoque la muerte de su tercer hijo. Surge claramente del texto que los hijos de Iehudá habían muerto por hacer cosas que desagradaban a Dios, y no por culpa de Tamar).
                Tamar oculta su identidad, se hace pasar por ramera y le pide como paga su sello, su cordón y su cayado que está en su mano. Iehudá tiene relaciones con ella y ella queda embarazada. La Torá relata la situación de la siguiente manera: “24. Ocurrió que al cabo de unos tres meses le fue anunciado a Iehudá diciendo: Se ha prostituido Tamar - tu nuera - y también está encinta, por prostitución. Dijo Iehudá: Sáquenla, que sea quemada. 25. Ella era sacada y ella mandó decir a su suegro: Del hombre a quien estas cosas pertenecen yo estoy encinta. Y dijo: Reconoce -por favor- ahora, de quién es el sello, los cordones y el cayado, éstos. 26. Lo reconoció Iehudá y dijo: Ella es más justa que yo, ya que no la he dado para Sheláh, mi hijo. ...”
                Sobre el versículo 25 dice el Midrash: “Y dijo: Reconoce -por favor- ahora, de quién es el sello, los cordones y el cayado, éstos.” (Bereshit 38:25). Comentó Rabí Iojanan: Le dijo el Santo Bendito Él a Iehudá: tú le dijiste a tu padre “Haker Na – Reconoce, por favor, ahora…” (Bereshit 37:32), por tu vida que Tamar te dirá “Haker Na” (Midrash Bereshit Rabá, 85 Siman 11 – lo aprendí en mi primera clase de Midrash en el Majón Schechter de Ierushalaim).
                Este Midrash nos muestra una clara señal de “Midá ke-negued midá”, una retribución por lo hecho. Iehudá había hecho reconocer a su padre Iaacov el “cutonet pasim” (la túnica de Iosef) supuestamente desgarrada y manchada de sangre, para que él creyera que su hijo Iosef había sido devorado por una fiera. Se interpreta entonces que así como Iehudá le había hecho mal a su hermano Iosef, ahora estaba pagando el precio de aquella falta. Con las mismas palabras “haker ná - reconoce por favor”, debió reconocer su error.
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                Escuché la siguiente anécdota en mi primera clase con el Rab Shmuel Glick: Un joven israelí, para nada religioso, necesitaba urgentemente un trasplante de médula ósea. Su pedido apareció públicamente, y un hombre ultraortodoxo se conmovió tanto con la historia que contaba que se acercó hasta el centro médico y pidió que le hagan los estudios necesarios para saber si era un posible donante. Luego de unos días los resultados dieron ‘positivo’: era un donante compatible. Pidió entonces conocer al joven que recibiría el trasplante. Charlaron varias horas, y el hombre jaredí sintió que era una mitzvá salvar la vida de este joven.
                Volvió a su casa y le contó a su padre lo que estaba dispuesto a hacer. El padre, de carácter serio y pocas palabras respondió: -¿Quién es este joven? -¿Quién es su familia? Al escuchar la respuesta de su hijo, el hombre con tono terminante dijo: te prohíbo que seas donante para este joven. ¡Sobre mi cadáver vas a ser donante para este joven!!! No dio más explicaciones, por más que su hijo intentó saber los por qué y convencerlo de la importancia de salvar una vida.
                Acudió el hombre que quería ser donante a su rabino y le pidió que interceda ante su padre, y a pesar de los esfuerzos del rabino, el padre no dio “el brazo a torcer”: No cambió de parecer ni dio los fundamentos de su postura. El hijo habló con el rabino y le dijo: “Papá es un poco duro, pero con unas copas de vino va a aflojarse y hablar. Venga la noche del Seder de Pesaj, luego de beber las cuatro copas de vino del Seder, él abrirá su corazón”.
                Y fue así. La noche del Seder de Pesaj, luego de la cena, vino el rabino a visitar, y volvió a pedirle explicaciones al padre. Esta vez, sí contó sus razones, diciendo: Rab, con todo respeto, quiero contarle qué es lo que sucede. Sabe usted, yo soy sobreviviente de la Shoá. Yo tenía un hijo muy pequeño, que vivía escondido conmigo dentro del pabellón. Los nazis no nos daban comida, y por las noches enviábamos al niño a que robe alimentos de la cocina de los nazis. El padre del joven que necesita el trasplante estuvo en el mismo campo de concentración que yo. Él era un experto en la fabricación de bombas, por ello, los nazis lo dejaban andar libremente por el campo de concentración. Él andaba por todos lados orgullosamente, siempre acompañado por dos guardaespaldas.
                Un día, este judío experto en bombas, entró a nuestro pabellón, buscó por todos lados, agarró a mi pequeño hijo con total desprecio, lo sacó afuera, y le dio dos tiros.
                Por esto no quiero que mi hijo ayude a su hijo.

                El rabino, atónito por la tremenda vivencia que estaba escuchando, le dijo que quizás había que enfrentarse a este hombre, y ver qué había pasado, si se había arrepentido. Y por sobre todo, remarcó que el joven que tanto necesitaba el trasplante, no era culpable por los pecados de su padre.
                A regañadientes, se produjo el encuentro.
                El antiguo experto en bombas empezó a contar su vivencia de aquella lejana y dolorosa historia. Ciertamente él había tenido que servir a los nazis en la construcción de aquellas malditas bombas. Y sobre aquel particular evento, contó: Los nazis se habían enterado que había un niño escondido en el pabellón que les estaba robando comida, y decidieron matar a todos los hombres de aquel pabellón. Yo logré convencerlos de que solamente maten al niño, y de este modo salvar al resto de los que se encontraban allí. Ellos me escucharon, pero el que tenía que matar al niño era yo… Me era imposible matar al pequeño. Por ello, maté a mis dos guardaespaldas nazis, y escondí al pequeño en un monasterio. Los nazis se enteraron de mi traición, me pegaron tanto pero tanto, que supe que jamás podría engendrar hijos. Pero no me mataron, porque yo les era extremadamente útil y necesario. Al finalizar la guerra, pasada la horrible Shoá, fui al monasterio y busqué a aquel niño. Lo cuidé y lo crié todos estos años. Por eso estos dos jóvenes son compatibles para el trasplante: ellos son hermanos.
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                Dos relatos fuertes, que nos tienen que llamar a la reflexión. En el relato bíblico, Iehudá estaba sentenciando por algo que él mismo había hecho. En la anécdota más cercana a nuestros días, un padre que no podía ver la importancia de la vida del que finalmente resulta ser su hijo que creía muerto.
                Hace muchos años aprendí de mi amigo y moré Uri Romano una mishná del Pirkei Avot 1:6 que dice:
זכות לכף האדם כל את דן והוי”, ve-evei dan et col ha-adam le-kaf zjut, juzga a todas las personas favorablemente.
                Estamos muy acostumbrados a juzgar y prejuzgar. Y por lo general, nos cuesta mucho reconocer cada vez que nos equivocamos. Es más fácil encerrarse en lo que uno considera ‘verdadero’, sin reparar en el otro.
                Espero que los relatos que comparto con ustedes, nos ayuden a pensar dos veces antes de opinar y considerarnos con atribuciones para ser jueces de qué y cómo hacen las cosas las otras personas. Que podamos reconocer nuestras fallas y mejorarlas.
                Que podamos juzgar para bien a los nuestros, y que podamos reconocer en ellos maestros y afectos.
                Que tengamos la brajá de ser generosos con nosotros mismos y con los demás.

Desde Medinat Israel, donde a pesar de que a muchos no les guste, el pueblo judío sigue viviendo y creando día a día, y seguimos esperanzados en que algún día podremos vivir en paz en nuestra tierra, la Tierra de Israel.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Meir Szames


19.8.15

PARASHAT SHOFTIM - LA JUSTICIA (que ojala llegue)

Devarim – Deuteronomio 16:18 - 21:9

                Esta parashá, es una de las secciones principales de nuestra Torá. Y aunque todas las secciones de la Torá son importantes, Parashat Shoftim guarda entre sus líneas un valor principalísimo de nuestra Tradición: LA JUSTICIA.
                Creo que preferiríamos hablar de otro tema, ya que en nuestra época, podríamos pensar que la justicia es casi una utopía. Sin embargo, hagamos el intento.

                En el capítulo 17 nos encontramos con el siguiente párrafo: “8. Cuando te quedare oculto a ti un caso para juicio: entre sangre y sangre, entre pleito y pleito, o entre herida y herida, casos de controversias en tus ciudades... te levantarás y ascenderás al lugar que habrá elegido Ado-nai tu Dios. 9. Y te allegarás a los Cohaním -de la tribu de Leví- o al juez que hubiere en aquellos días... e inquirirás y te aclararán el veredicto del juicio. 10. Y habrás de hacer según la sentencia que ellos te aclaren a ti -desde el lugar aquel que habrá de elegir Adonai- y cuidarás para cumplir, de acuerdo a todo lo que ellos te hayan de enseñar. 11. De acuerdo con la Torá que te hayan de enseñar y según el juicio que ellos te digan habrás de hacer; no te apartes -de la sentencia que te habrán de aclarar- ni a derecha ni a izquierda”.
                Se nos ordena aquí la obediencia a los jueces. Se refiere específicamente a los jueces del Sanhedrín, el Superior Tribunal que funcionara desde la época de Moshé hasta la época del Segundo Templo.

                Veamos que nos enseña esto hoy. 1) ¿Quiénes son nuestros jueces o autoridades? 2) ¿De dónde proviene su autoridad?

                Usemos como guía a dos comentaristas tradicionales:
 1) Llama nuestra atención cuando en el versículo 9 dice “...o al juez que hubiere en aquellos días...” Rashí lo va a explicar así: “Incluso si el juez en tu época no es igual de grande que los demás jueces que hubo antes de él, aun así estás obligado a obedecerlo. No tienes otro juez más que el juez que haya en tus días”.
                ¿Cómo se justifica esto?
                Rashi parece expresar la interpretación talmúdica de este versículo. “El juez Iftáj en su época se equipara al profeta Shemuel en la suya; para enseñarte que, fuere quien fuere designado ‘conductor de la comunidad’, se equipara a cualquier otro que haya ostentado el mayor de los abolengos...” (T.B. Rosh Hashaná 25 B).
                Parece sumarse idealmente al versículo que dice “No digas ¿qué ha ocurrido que los días pretéritos han sido mejores que los actuales?” (Kohelet 7:10).
                Explica el Rab Edery que estas normas rigen siempre y cuando nuestros conductores -sean los que fueren- vivan de acuerdo a las enseñanzas de la Torá escrita y oral, ya que de allí emana su autoridad, para la función, en el lugar elegido por Dios.

 2) En el versículo 11 veremos una opinión de Rashi, la cual será ampliada por el Ramban. Dice Rashi: NI A DERECHA NI A IZQUIERDA: Incluso si te dice que la derecha es izquierda o que la izquierda es derecha, obedécele. Y con mayor razón si te dice que la derecha es derecha o que la izquierda es izquierda.
                Esta mitzvá de obediencia a la Corte Suprema es central para el comentarista Ramban, quien trae un largo comentario respecto a este versículo 17:11. Dice que ‘…Sea que hayan recibido esta interpretación por tradición oral, persona a persona, remontándose hasta Moshé que la recibió por Revelación Divina, o bien que nos enseñen de acuerdo al significado o a la intención de la Torá, ya que Dios la entregó acorde a su conocimiento (de los maestros de la Corte Suprema); aunque te parezca que estén invirtiendo la derecha por la izquierda. Y con mucha mayor razón deberás acatar sus decisiones cuando te digan que la derecha es derecha y la izquierda es izquierda’. Si hasta aquí no llegaras a entender lo que dice Ramban, el final de este comentario es tajante ‘…ya que el espíritu del Eterno está sobre los que sirven en su Santuario y nunca abandonará a Sus devotos; como dice el Midrash Sifri (Shoftim 154) incluso si te parece que el sabio o juez cambia derecha por izquierda y la izquierda por derecha, aun así debes escucharlo’.
                ¿Es posible que sea tan terminante?
                Hay una opinión que surge de otra fuente, Talmud Ierushalmi - Horaiot 1:1, que pareciera decir todo lo contrario: “Se podría pensar que incluso si (los jueces) te dicen que la derecha es la izquierda o que la izquierda es la derecha, aun así debes obedecerlos”. Para descartar esta suposición “el versículo dice: ‘y no te apartes de todas las palabras que yo les ordeno en este día’ ni a la derecha ni a la izquierda, (lo cual implica hasta) que te digan que la derecha es derecha y la izquierda es izquierda.”

                El concepto final de Najmánides, el cual expresa que un juez o un sabio no se equivocan, porque Dios no abandona a los que están a su servicio es, al menos, polémico.
                Sin embargo, está reflejado en la forma en que se conduce el Pueblo Judío hace varios milenios.

                Muchos se atreven a atribuirse (y aquí ya estoy saliendo de la especificidad del Pueblo Judío) la infalibilidad de sus decisiones.
                Esto lo vemos en distintos sistemas de gobierno: lo vemos en las democracias, en las monarquías, en las tiranías, en las sinagogas y en nuestras propias vidas como simples individuos.

                Más aun, esto me trae a la mente lo que ocurre con la justicia de nuestros días. Ante la comisión de un delito, las víctimas esperan que “se haga justicia”. Pero esa justicia tarda en llegar, si es que alguna vez finalmente llega. Se empantana en formalismos jurídicos, en triquiñuelas legales, en necesidades políticas.
                Una justicia que no es justa, una justicia que no llega nunca, o que llega demasiado tarde, no es justicia.

                La Justicia es un valor, que todos declamamos, y poco ejercitamos.
                Para liberarnos de la abstracción, comencé a escribir este comentario en el mes de julio, cuando se cumplían 21 años de del atentado a la AMIA en Buenos Aires, que tanto modificara nuestros hábitos comunitarios, y que todavía se mantiene sin la tan ansiada y perseguida justicia. Así también, se levanta como modelo de la falta de justicia, de la corrupción y todo lo que no queremos para nuestra sociedad.
                Esperemos que para el año que viene la justicia se torne real, y deje de ser una utopia.

                Entendamos, como dice Rashi, que la justicia que nos toca hoy en día es nuestra justicia. No importa si antes hubo una mejor. Pero sigamos también la opinión que trae el Talmud Ierushalmi, de exigir a nuestros jueces y dirigentes una justicia real, no formalismos y promesas que desvanezcan nuestro derecho y nuestra obligación de perseguir justicia.

                “No harás desviar el juicio, no habrás de ser condescendiente con conocidos; no habrás de aceptar soborno, ya que el soborno enceguece los ojos de los sabios y deteriora las causas justas” (16:20).
                En estos días de balance espiritual de Elul, no nos mintamos a nosotros mismos, no nos tapemos los ojos ni nos dejemos enceguecer, si hay algo que realmente queremos, deseamos y necesitamos, hagamos los esfuerzos necesarios para lograrlo.

                Quiera Dios iluminarnos para lograr una justicia real y equitativa, la cual nos ayude a mejorar nuestra sociedad y nuestro mundo.

                JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRÁS, PARA QUE PUEDAS VIVIR (Devarim 16:20)…
צדק צדק תרדף למען תחיה

Meir Szames