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23.2.23

Purim ¿Hacer crecer la alegría?

Mi-she-nijnás Adar Marbim be-simjá (Taanit 29a), se traduce como “Desde que comienza el mes de Adar hacemos crecer la alegría/aumentamos la alegría”

¿Qué significa esta frase? ¿Alegría? Intentemos aportar una mirada al tema.

 

               Primera aproximación: por contrapartida a la época más triste del año judío, el mes de Av, que recuerda la destrucción del Templo de Ierushalaim (en dos oportunidades) y otras tantas calamidades que han recaído sobre el pueblo judío. Y nos explica el Rab Dessler: y así como “en el mes de Av disminuimos la alegría”, en el cual se van disminuyendo progresivamente las demostraciones de alegría (desde Rosh Jodesh en adelante, la semana en la que cae Tishá BeAv, la víspera de Tishá BeAv y el día mismo de Tishá BeAv - el día más triste del calendario hebreo-), así se hace en el mes de Adar, que se aumenta progresivamente la alegría día tras día. Este es un trabajo espiritual/interior muy especial: Hacer brotar (Hatzmajat) la alegría, que nos lleva al desarrollo progresivo y sostenido de la alegría (hitpatjut).

 

 

               Segunda aproximación: Hay una idea que se le atribuye al Arizal: “la santidad (kedushá) del Día del Perdón (Iom HaKipurim) es accesoria/secundaria (tfelá) a la santidad de Purim, dice: “No leas Kipurim sino Ki-Purim (como Purim)”, es decir, que el Día del Perdón, día más solemne del año, viene por lo menos segundo, detrás de la trascendencia del día de Purim ¿Cuál será el sentido de esta afirmación?

 

El amor (ahavá) es una consecuencia/derivación (toladá) de la generosidad (nedibut), ya que a quien le damos más es a quien amamos más. Y de esto se puede comprender que la generosidad y la obligatoriedad son totalmente opuestas: la generosidad es posible solamente donde existe la posibilidad de elección (bejirá), esto quiere decir que solamente quien puede elegir (ha-bojer) puede llegar al amor, ya que solamente él (ha-bojer) puede ofrecerse de corazón y dar. Y esto es una característica atribuida a los seres humanos en contraposición con la descripción sobre los ángeles[1] (malajim), ya que se nos explica que en el caso de los ángeles solamente actúan por “temor” (irá - יראה), como lo expresa el Profeta Iejezkel “...infundían pavor…” (1:18), ya que los ángeles no conciben la posibilidad de elegir, y por eso no tienen la capacidad de ser generosos y amar.

 

Nuestro Sabios explican sobre la entrega de la Torá: “Puso sobre ellos la montaña como una cuba גיגית” (Shabat 88b), esa expresión tradicionalmente se explica como que el Kadosh Baruj Hu tomó el Monte Sinaí y lo levantó por sobre los Benei Israel y los obligó a recibir la Torá, caso contrario, la montaña funcionaría como su tumba... En un sentido mucho menos “violento”, el Maharal lo explica de la siguiente manera: Los Benei Israel vieron lo que acontecía en el Monte Sinaí con tanta pero tanta claridad que se vieron obligados por su comprensión intelectual a recibir la Torá, ya que no podían ni siquiera intentar desconocer la maravilla de la Revelación Divina que acontecía frente a ellos. Ellos en ese momento volvieron a tener la estatura intelectual del Adam HaRishón (el primer ser humano) en el Jardín del Edén antes de comer del fruto prohibido. Es difundida la explicación que Adam no conocía las categorías (probables) de lo malo y lo bueno, sino que solamente podía distinguir entre lo verdadero y lo falso (como lo explica el RaMBaM en la Guía de los Perplejos, Parte 1, capítulo 2). Y es por esto, que al carecer ellos en ese momento de la posibilidad de libre elección, tampoco tuvieron la generosidad requerida (nedibut), y no pudieron aceptarla totalmente (a la Torá), y la aceptación total de la Torá ocurre con plenitud en los días de Ajashverosh (Asuero, el rey persa de la época de Purim), en los cuales los judíos recibieron la Torá con total discernimiento y elección, ya con el sentimiento de generosidad y amor correspondientes.

Para entender de qué se está hablando con esto de recibir plenamente (y nuevamente) la Torá, hay que repasar un versículo del Rollo de Esther y ver como lo aplican nuestros Sabios en el Talmud. Síganme: Según la opinión que dice que en el Monte Sinaí el pueblo judío fue obligado a aceptar la Torá alguien podría opinar que esa aceptación no es de plena voluntad, y por lo tanto, no es vinculante. Y ahí viene el Talmud y nos dice (en el  tratado de Shabat 88b): “Rava dijo: Aunque fuera así, los judíos nuevamente aceptaron la Torá voluntariamente en la época de Ajashverosh, como está escrito: "Los judíos ordenaron y tomaron sobre ellos, sobre su descendencia, y sobre todos los que se unieron a ellos…" (Esther 9:27), esto significa: Los judíos ordenaron lo que ya habían tomado sobre sí mismos a través de la coerción en el Sinaí”. Es decir, que en la época de Esther y Mordejai, el pueblo judío vuelve a recibir, esta vez, pleno de alegría y buena predisposición nuestra sagrada Torá, para estudiarla, difundirla y cumplirla.

 

Hasta aquí se entiende en parte la importancia de Purim desde el punto de vista de la constitución del pueblo judío y su aceptación de la Torá.

 

 

¿Y la alegría?

 

Ahí reside el secreto revelado a través del milagro de Purim.

Los planes de los enemigos de Israel, simbolizados o encabezados por el malvado Hamán, se le dieron vuelta. La horca de madera que había preparado para colgar a su odiado judío Mordejai, fue utilizada para su propia ejecución.

Ahí se ve que no hay venganza divina, ya que es imposible ofender a Dios, quizás se puede negarlo, ocultarlo temporalmente del conocimiento de algún grupo de personas, pero al final, cuando sus milagros salen a la luz de todos, esto genera un amor y una entrega en base a Su reconocimiento, que generan lo que es llamado en hebreo Kidush HaShem, santificación del nombre de Dios, que en este contexto significa la posibilidad de vivir una vida plena, que en cada acción de nuestra vida da cuenta que nuestra forma de actuar reconoce y demuestra que es una vida significativa y trascendente, que busca siempre los mejores valores y la mayor plenitud.

Ese reconocimiento, trae consigo la alegría que viene acompañada de la generosidad y el amor necesarios para recibir la Torá (una tarea diaria y constante de conectarse con nuestra Tradición).

Hay diversos caminos para ir sumando alegría, día a día, hasta llegar a la festividad de Purim. Algunos trazados por lo que nos alegra a cada uno de nosotros individualmente, y otra parte a través de los preceptos comunitarios de esta época del año, de compartir regalos con amigos, ayudar a los necesitados, reunirse a compartir el relato de la Meguilá, y de juntarse a celebrar ese mismo día de Purim.

 

 

               Quizás ahora se puede explicar nuevamente lo antedicho, que “Kipurim” es en realidad “como Purim”, ya que Kipur viene a limpiarnos espiritualmente de nuestros errores y transgresiones, pero todo eso viene desde el temor (temor al castigo, al error, a la arrogancia, un pavor al juicio), y ese temor es secundario, accesorio, claramente inferior a lo que estamos compartiendo en Purim, que se construye con amor y generosidad, a través de la alegría del Kidush HaShem, de reconocer lo bueno que tenemos y recibimos, y la generosidad de espíritu que eso nos provoca.

 

 

Texto preparado por el Rab Meir Szames[2]

Palabras clave: #Purim #Alegría #generosidad #amor #Torá

 

 



[1]  Los ángeles (Malajim) son enviados de Dios, que vienen, cumplen una función, una orden divina, y no tienen la capacidad de elegir, como sí la tenemos los seres humanos. El libre albedrío, la libertad de decisión (bejirá jofshit en hebreo) es parte esencial del ser humano. En este caso en particular, como el ser humano fue creado usando como modelo a los malajim, es necesario explicar la diferencia esencial entre ambos: Los ángeles no tienen libertad de elección, y no pueden comprender al Ser Humano en sus elecciones y comportamientos.

[2] En un principio, la idea está basada en la disertación del Rab Dessler en Mijtav Me-Eliahu, tomo 2, página 123

24.2.21

Parashat Tetzavé 5781 – “Ver más allá de lo evidente”

BS’D


Esta semana, que está marcada por la llegada de la festividad de Purim este jueves a la noche, tiene una lectura de Torá que es muy particular. ¿Qué tiene de particular esta parashá? En toda la parashá no aparece el nombre de Moshé Rabeinu. Y es un detalle no menor, ya que desde el inicio del libro de Éxodo (Shemot), donde se relata su nacimiento, hasta la finalización del Deuteronomio (Debarim), dónde se marca el final de su vida física, Moshé es el líder del pueblo, y el interlocutor entre Dios y el pueblo de Israel, y resuena todo el tiempo su nombre en cada sección de la Torá.

Una de las tantas explicaciones clásicas, es que esta parashá coincide habitualmente con la semana del 7 de Adar, fecha indicada por la Tradición como fecha del fallecimiento de Moshé.

De todos modos, Dios le habla a Moshé constantemente en esta parashá, pero no lo nombra: “Y tú habrás de ordenar (tetzavé) a los hijos de Israel”… “Empero tú habrás de acercar hacia ti a Aharon tu hermano y a sus hijos con él” … “Empero tú hablarás a todos los de corazón sabio”… Es decir, Dios le habla a Moshé durante toda la parashá, aunque no aparezca su nombre. Moshé se la pasa haciendo cosas, aunque no figure. Todos los preparativos del Mishcán (Tabernáculo), el entrenamiento de su hermano Aarón y sus sobrinos, los cohanim (sacerdotes), está “de aquí para allá” toda la parashá, anónimamente. Todos sabemos que él es quien está siguiendo las ordenes Divinas.

Supongo que siempre hay gente así, que trabaja y logra objetivos, sin que su nombre figure en ningún lado.

Pero quiero sumar algo, en otros años no coincide Purim con esta parashá. Y eso nos aporta un detalle más: Así como en Tetzavé no figura el nombre de Moshé, en Meguilat Esther, el libro que es parte del Tanaj y que se lee en Purim, no figura el nombre de Dios. Un libro de la Biblia donde no figura el nombre de Dios. Sin embargo, de la lectura del Libro de Esther se nota indudablemente donde está la obra de Dios, donde está metida “Su mano”.

¿Cuántas veces nos suceden cosas así a nosotros? ¿Cuántas veces no podemos ver lo evidente?

Esta idea me lleva a lo que explica Maimónides sobre Abraham Avinu, nuestro primer patriarca, el primer monoteísta. En su libro Mishné Torá, al comienzo de las leyes sobre la idolatría, se describe a Abraham Avinu de la siguiente manera: “Tan pronto como este gigante empezó a crecer, comenzó a ocupar su mente. En su infancia comenzó a pensar de día y de noche, y se encontró con este enigma: ¿Cómo es posible que este planeta esté en movimiento continuo y no tenga un líder? ¿Y quién, en efecto, lo hace girar, siendo imposible que gire por sí mismo?[1]. Así se sigue describiendo a Abraham, siendo que él fue en búsqueda de Dios, y allí se le manifiesta.

Un dato a propósito de la creación del mundo y la construcción del Mishcán: ¿Saben cuántos versículos ocupa cada uno de esos asuntos en la Torá? La creación del mundo por el Kadosh Baruj Hu, ocupa 34 versículos, incluyendo el Shabat (Génesis 1:1 a 2:3). La construcción del Mishcán ocupa nada más y nada menos que 450 versículos.

El mundo lleva 34 versículos en ser creado. El mundo lleva muchísimo tiempo más en ser construido por nosotros, los seres humanos, que intentamos trabajarlo y mejorarlo.

Con todo esto, nos pregunto: Cuándo leemos, ¿sabemos leer lo que el texto no dice? Cuándo vemos una obra, ¿entendemos que hubo mucha gente involucrada que no se lleva los créditos? Cuando tenemos una duda, un enigma por resolver ¿sabemos cómo buscar? ¿Somos conscientes del esfuerzo que implica cada pequeño logro?

Y con esas preguntas, podemos plantearnos que el cambio es posible, para eso hacen falta líderes, se vean o no se vean. La transformación de este, nuestro mundo, en un mundo mejor, necesita de un liderazgo que esté dispuesto a liderar ese cambio. Líderes dispuestos a dar el ejemplo, ejemplos que sí se vean, aunque no figuren luego sus nombres, ni se lleven los créditos. Así vamos a lograr completar la obra, con el aporte de cada uno.

Esta semana leeremos textos que nos desafían a ver más allá de lo evidente. Espero que podamos abrir los ojos, no sólo los físicos, sino los del intelecto y el corazón, y motivarnos a seguir adelante con esta desafiante labor, de construir un mundo mejor.

¡Shabat Shalom!

Rab Meir Szames

 

Dedico estas palabras de Torá a la memoria de Antonio Leiva, recientemente fallecido, quien, junto a toda su familia, siempre me recibieron en su casa como uno más de la familia.

3.3.15

Purim y (el grito de) tu identidad

            Hoy son 5 años que llegué a Buenos Aires de mi Corrientes natal en busca de un camino que me ha traído muchas alegrías. Y que promete más.

            Y esta mañana, mientras estudiaba Talmud con mi Rab, me acordé de algo que me enseñaron en aquel lejano Schule correntino (o quizás me lo enseñó mi Mamá... O quizás ambos): "si encontrás algo tirado por ahí, tenés que preguntar tres veces '¿De quién es?'. Si nadie responde que es suyo, solo así te lo podes quedar".

            ¿Qué estudiamos esta mañana en el Talmud con mi Rab? La mishná de Baba Metzia 21a que dice: “¿Qué objetos hallados se hacen propiedad inmediata del que los encuentra y cuáles otros deben pregonarse?” Si uno encuentra un objeto (frutas o monedas, por ejemplo), tirados en la vía pública, se presuponen que son cosas “Hefker[1]”, es decir, sin dueño. Si tenían un dueño, a este ex dueño ya no le interesan. Ha realizado “Ieush[2]”, vale decir, ha abandonado su voluntad de ser dueño de esta cosa.

            Ok. ¿Qué tiene que ver esto con Purim? A ver.

            Purim, según mi humilde modo de ver, podría ser llamada la "Fiesta de la Identidad". Así como Pesaj es la Fiesta de la Libertad, Purim festeja la identidad. Una identidad que sale afuera, que se manifiesta en el momento clave para seguir siendo lo que realmente somos.

            Y en este Purim, podríamos pensar, por qué deberíamos escondernos. Y sí, hay judíos que se esconden. Niegan lo que son. Abandonan su identidad con una facilidad y ligereza que sorprende.

            Como en la mishná mencionada más arriba: Deciden hacer Ieush de su identidad judía, la dejan abandonada, y esta identidad pasa a ser un Hefker, una cosa de nadie.

            Dos posibilidades:
            -Nadie recoge eso que quedó tirado, se pierde para siempre.
            -Otro recoge aquel bien abandonado, lo hace suyo, lo posee, y ya no hay derecho a reclamo.
            El ex dueño lo dejó abandonado, y por más que llore y patalee, no hay derecho a reclamo alguno.
            Eso que era suyo ya no le pertenece.

            Una tercera opción: Escuchar este grito de tu identidad. Ese “pregón” que anuncia que hay algo que es tuyo y que te está esperando a que lo busques.

            Queridos amigos: La identidad judía es de cada uno de los judíos que poblamos este mundo.
            No de un grupo superior, ni un grupo privilegiado. Pero si decidimos abandonar nuestra identidad, dejamos no sólo de ser judíos, sino que si un día decidimos volver a reconectarnos con lo "judío", es probable que la cosa ya no se parezca en nada a lo que habíamos dejado. El nuevo dueño hizo, con mejor o peor criterio, lo que le pareció mejor.

            Por eso, les propongo en este Purim, comprometerse a pleno con nuestra identidad. Una tradición milenaria, inmutable en el sentimiento, y en total movimiento en el pensamiento, prácticas y acciones.

            ¿Tu ser judío es tu orgullo? Actúa en consecuencia.
            Eso que aprendiste alguna vez te sirve. Siempre.

            Ahora sí.
            Durante el día de mañana a ayunar: Tzom Kal.
            Y a la noche recibir con cariño y amor el abrazo de tu identidad que te pide salir a festejar.

¡Purim Sameaj!

Meir Szames



[1] “Hefker” הפקר es la cosa abandonada, la cosa de nadie (res nullius).
[2] “Ieush” יאוש es la voluntad de dejar de poseer algo (pérdida del animus domini, para mis amigos abogados)