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24.2.21

Parashat Tetzavé 5781 – “Ver más allá de lo evidente”

BS’D


Esta semana, que está marcada por la llegada de la festividad de Purim este jueves a la noche, tiene una lectura de Torá que es muy particular. ¿Qué tiene de particular esta parashá? En toda la parashá no aparece el nombre de Moshé Rabeinu. Y es un detalle no menor, ya que desde el inicio del libro de Éxodo (Shemot), donde se relata su nacimiento, hasta la finalización del Deuteronomio (Debarim), dónde se marca el final de su vida física, Moshé es el líder del pueblo, y el interlocutor entre Dios y el pueblo de Israel, y resuena todo el tiempo su nombre en cada sección de la Torá.

Una de las tantas explicaciones clásicas, es que esta parashá coincide habitualmente con la semana del 7 de Adar, fecha indicada por la Tradición como fecha del fallecimiento de Moshé.

De todos modos, Dios le habla a Moshé constantemente en esta parashá, pero no lo nombra: “Y tú habrás de ordenar (tetzavé) a los hijos de Israel”… “Empero tú habrás de acercar hacia ti a Aharon tu hermano y a sus hijos con él” … “Empero tú hablarás a todos los de corazón sabio”… Es decir, Dios le habla a Moshé durante toda la parashá, aunque no aparezca su nombre. Moshé se la pasa haciendo cosas, aunque no figure. Todos los preparativos del Mishcán (Tabernáculo), el entrenamiento de su hermano Aarón y sus sobrinos, los cohanim (sacerdotes), está “de aquí para allá” toda la parashá, anónimamente. Todos sabemos que él es quien está siguiendo las ordenes Divinas.

Supongo que siempre hay gente así, que trabaja y logra objetivos, sin que su nombre figure en ningún lado.

Pero quiero sumar algo, en otros años no coincide Purim con esta parashá. Y eso nos aporta un detalle más: Así como en Tetzavé no figura el nombre de Moshé, en Meguilat Esther, el libro que es parte del Tanaj y que se lee en Purim, no figura el nombre de Dios. Un libro de la Biblia donde no figura el nombre de Dios. Sin embargo, de la lectura del Libro de Esther se nota indudablemente donde está la obra de Dios, donde está metida “Su mano”.

¿Cuántas veces nos suceden cosas así a nosotros? ¿Cuántas veces no podemos ver lo evidente?

Esta idea me lleva a lo que explica Maimónides sobre Abraham Avinu, nuestro primer patriarca, el primer monoteísta. En su libro Mishné Torá, al comienzo de las leyes sobre la idolatría, se describe a Abraham Avinu de la siguiente manera: “Tan pronto como este gigante empezó a crecer, comenzó a ocupar su mente. En su infancia comenzó a pensar de día y de noche, y se encontró con este enigma: ¿Cómo es posible que este planeta esté en movimiento continuo y no tenga un líder? ¿Y quién, en efecto, lo hace girar, siendo imposible que gire por sí mismo?[1]. Así se sigue describiendo a Abraham, siendo que él fue en búsqueda de Dios, y allí se le manifiesta.

Un dato a propósito de la creación del mundo y la construcción del Mishcán: ¿Saben cuántos versículos ocupa cada uno de esos asuntos en la Torá? La creación del mundo por el Kadosh Baruj Hu, ocupa 34 versículos, incluyendo el Shabat (Génesis 1:1 a 2:3). La construcción del Mishcán ocupa nada más y nada menos que 450 versículos.

El mundo lleva 34 versículos en ser creado. El mundo lleva muchísimo tiempo más en ser construido por nosotros, los seres humanos, que intentamos trabajarlo y mejorarlo.

Con todo esto, nos pregunto: Cuándo leemos, ¿sabemos leer lo que el texto no dice? Cuándo vemos una obra, ¿entendemos que hubo mucha gente involucrada que no se lleva los créditos? Cuando tenemos una duda, un enigma por resolver ¿sabemos cómo buscar? ¿Somos conscientes del esfuerzo que implica cada pequeño logro?

Y con esas preguntas, podemos plantearnos que el cambio es posible, para eso hacen falta líderes, se vean o no se vean. La transformación de este, nuestro mundo, en un mundo mejor, necesita de un liderazgo que esté dispuesto a liderar ese cambio. Líderes dispuestos a dar el ejemplo, ejemplos que sí se vean, aunque no figuren luego sus nombres, ni se lleven los créditos. Así vamos a lograr completar la obra, con el aporte de cada uno.

Esta semana leeremos textos que nos desafían a ver más allá de lo evidente. Espero que podamos abrir los ojos, no sólo los físicos, sino los del intelecto y el corazón, y motivarnos a seguir adelante con esta desafiante labor, de construir un mundo mejor.

¡Shabat Shalom!

Rab Meir Szames

 

Dedico estas palabras de Torá a la memoria de Antonio Leiva, recientemente fallecido, quien, junto a toda su familia, siempre me recibieron en su casa como uno más de la familia.

11.2.21

Parashat Mishpatim 5781 – “Fortaleciéndonos en el encuentro con la Mitzvá y con el Otro”

 BS’D


כִּֽי־תִרְאֶ֞ה חֲמ֣וֹר שֹׂנַאֲךָ֗ רֹבֵץ֙ תַּ֣חַת מַשָּׂא֔וֹ וְחָדַלְתָּ֖ מֵעֲזֹ֣ב ל֑וֹ עָזֹ֥ב תַּעֲזֹ֖ב עִמּֽוֹ

“Cuando vieres al asno de tu enemigo que yace bajo su carga, no te abstengas de ayudarlo. Ayudarlo habrás de ayudar junto a él.” (Shemot 23:5)

 

Este versículo, en su sentido legalista, nos habla sobre las leyes de priká u-tehina, carga y descarga de animales (su tratamiento legal aparece en el tratado talmúdico de Baba Metzia).

Una persona que se encuentra a su prójimo en una situación de apremio, como en este caso específico que se halla al individuo y/o su animal tirados con una gran carga sobre ellos que le impide levantarse, la persona (yo/tú/nosotros) está obligada a ayudar a su prójimo a salir del aprieto.

Para quienes el hebreo moderno les es familiar, la forma en que está expresado este versículo debería ser llamativa. La palabra LAAZOV es utilizada como “abandonar” en el hebreo del día a día. Y lo sugestivo en este versículo es justamente la palabra empleada por la Torá para constreñirnos a realizar la acción. Es la palabra azov - עֲזֹ֣ב, traducida como “no te abstengas”, la cual para los comentaristas bíblicos tiene dos acepciones: por un lado, significa apartarse y abstenerse de la realización de alguna cosa, pero por otro lado en la Torá aparece con la misma raíz la palabra “fortalecido – azuv (Debarim 32:36), de donde se entiende que azivá es fortalecer, es decir se trata de una acción.

Así lo entienden los traductores de la Torá al arameo, por ejemplo, uno de los más difundidos, Onkelos, traduce así este versículo: Dejar habrás de dejar de lado todo lo que tengas en tu corazón por tu prójimo (odiado, que se encuentra en una situación de apremio), y lo ayudarás a descargar a su animal. Es decir, si te encuentras con tu enemigo en aprietos, debes dejar de lado el odio que guardas en tu corazón, y darle una mano para cargar y/o descargar su animal. Nota: Imaginemos que no hace falta aclarar que, si eso se dice respecto a un enemigo, cuánto más si se trata de una persona querida.

Rashbam nos dice: Azov-Taazov: implica ayudar y fortalecer. Ibn Ezra dice que hay que ayudar a liberar las cuerdas del animal para que pueda volverse a parar sobre sus piernas, y luego entender como seguir con la carga que traía[1].

Siguiendo con la interpretación, ya no lingüística, sino legalista, Rambam codifica dos mandamientos respecto a este asunto: Por un lado, basado en Shemot 23:5, la mitzvá positiva de ayudar a levantarse al prójimo o su animal[2] y, por otro lado, basado en Debarim 22:4, la mitzvá negativa de no dejar al animal tirado con su carga arriba[3].

Todo este devenir de opiniones y comentarios, desde la época bíblica hasta los comentaristas medievales, nos deja en claro dos primeros mensajes: Hay una prohibición de causar sufrimiento al animal (Tzaar baalei jaim צער בעלי חיים), y hay que trabajar lo nuestro interno para sobreponernos a nuestras primeras reacciones e instintos al encontrarnos con el otro, aunque ese otro no sea como yo quisiera que sea.

Y esto nos es encomendado al encontrarnos con la mitzvá, con el prójimo en una situación de apremio. Uno podría ir por la vida como los caballos con anteojeras, sin mirar hacia los costados, sin distraerse. Esa no es la elección, no es la visión del judaísmo. Nuestra Tradición te pide, te encomienda, te obliga, pone en categoría de mitzvá ir con los ojos abiertos, viendo a tu alrededor, y si te encuentras con el Otro en una situación de donde no puede salir, pero te extiende la mano pidiendo ayuda para salir de allí, ahí mismo aparece la mitzvá de accionar, de ofrecer la mano, en ayuda, para sacarlo de allí, junto a él, como dice el versículo que estamos estudiando.

El mundo de las mitzvot, hermoso por cierto, que aparece profusamente en Parashat Mishpatim (se cuentan 53 de las famosas 613 mitzvot bíblicas), nos pide que al encontrarnos frente a ciertas situaciones, hay que actuar. Un midrash [4] nos dice que esto es así si estas situaciones se nos presentan, sólo entonces tenemos un mandamiento al respecto; pero no hace falta estar buscando ir tras ellos. Sin embargo, hay un caso distinto, una mitzvá distinta: En el caso de la paz, de la cual se nos dice: “Apártate del mal y haz el bien; Busca la paz y persíguela” (Tehilim - Salmos 34:15), “busca la paz”, dondequiera que estés; “Y persíguela”, donde sea que esté.

La paz, esa posibilidad de un mundo mejor, está en todos lados, sólo hay que cambiar algunos detalles. Ver al otro como alguien a quien, si tengo la posibilidad de ayudar a levantar, no tengo que dudar en hacerlo. Fortaleciéndolo, y de ese modo sobreponernos a nuestro instinto y convertirnos en personas más fuertes.

¿Quién es fuerte? El que logra conquistar a sus instintos (Pirkei Avot 4:1).

 

¡Shabat Shalom!

Rab Meir Szames



[1] Hasta aquí basado en la idea de Leibowitz, Yeshaiahu “Siete años de charlas sobre parashat ha-shavua”, Pág. 351-352

[2] Mishné Torá - Mitzvat Asé 202

[3] Mishné Torá - Mitzvat Lo Taasé 74

2.2.21

Parashat Itró 5781 – “De pan y agua”

 

BS’D

La parashá de esta semana comienza relatando cuando Itró visita el campamento de Israel, momento en el cual Moshé recibe a su suegro quien le trae de regreso a su mujer e hijos de quienes se había separado cuando partió hacia Egipto para guiar la liberación del Pueblo de Israel, y luego de ese reencuentro está escrito en la Torá: “… Y vino Aarón y todos los ancianos de Israel a comer comida (Lejem), con el suegro de Moshé, ante Elo-him” (Shemot 18:12).

Cuando Itró se acerca hacia Israel es privilegiado con un gran reconocimiento y respeto (kavod), siendo que Moshé, Aarón y todos los ancianos de Israel vienen en su honor, y le organizan una especie de comida festiva (seudat mitzvá). El Midrash circunscribe todo esto con el versículo “Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás” (Kohelet 11:1).

Se entiende que el versículo de Kohelet es una alegoría (mashal), y no habla específicamente de pan, sino que se refiere a todo esfuerzo que la persona realiza en algo específico, y que luego de un tiempo da sus frutos.

El Midrash se pregunta: “¡¿Y acaso las personas son tan insensatas de arrojar su pan al agua?!”. En realidad, este versículo se refiere a Itró que dio de su pan a Moshé, de quien fue dicho “…Ella llamó su nombre ‘Moshé’, pues ella dijo: De las aguas yo lo he extraído” (Shemot 2:10).

Muchos años antes, el relato del primer encuentro de Moshé con Itró, quien luego sería su suegro, comienza con las palabras “Llámenlo y que coma comida -Lejem” (Shemot 2:20), que fueron dichas por Itró a sus hijas luego de que un desconocido (Moshé) las salvara de manos del ataque de unos pastores en inmediaciones de un pozo de agua, y el midrash señala que debido a esas palabras que Itró le dice a sus hijas, y la hospitalidad que tuvo Itró hacia Moshé en aquel momento al invitarlo a compartir con él el pan, tuvo el privilegio Itró muchos años después, que Aarón y los ancianos de Israel lo recibieran e invitaran a comer a él junto con Moshé, de quien ya mencionamos aquí, fue extraído de las aguas, y dio de beber agua al rebaño de Itró, y así el versículo de Kohelet nos enseña estas asociaciones entre el pan-Lejem  y el agua-Maim.

Esta enseñanza de la parashá nos dice que invertir tiempo y esfuerzo dará sus frutos, pero no sabemos cómo ni cuándo. Pero si trabajamos nuestros asuntos con el esfuerzo debido, llegarán los frutos y honores merecidos en su momento adecuado.

¡Shabat Shalom!

 

Rab Meir Szames

 

·        Basado en la idea de Leibowitz, Yeshaiahu “Siete años de charlas sobre parashat ha-shavua”, Pág. 285

·        El midrash aparece en Shemot Rabá 27:7

https://www.sefaria.org/Shemot_Rabbah.27.7?vhe=Midrash_Rabbah_--_TE&lang=he&with=all&lang2=he