3.3.15

Purim y (el grito de) tu identidad

            Hoy son 5 años que llegué a Buenos Aires de mi Corrientes natal en busca de un camino que me ha traído muchas alegrías. Y que promete más.

            Y esta mañana, mientras estudiaba Talmud con mi Rab, me acordé de algo que me enseñaron en aquel lejano Schule correntino (o quizás me lo enseñó mi Mamá... O quizás ambos): "si encontrás algo tirado por ahí, tenés que preguntar tres veces '¿De quién es?'. Si nadie responde que es suyo, solo así te lo podes quedar".

            ¿Qué estudiamos esta mañana en el Talmud con mi Rab? La mishná de Baba Metzia 21a que dice: “¿Qué objetos hallados se hacen propiedad inmediata del que los encuentra y cuáles otros deben pregonarse?” Si uno encuentra un objeto (frutas o monedas, por ejemplo), tirados en la vía pública, se presuponen que son cosas “Hefker[1]”, es decir, sin dueño. Si tenían un dueño, a este ex dueño ya no le interesan. Ha realizado “Ieush[2]”, vale decir, ha abandonado su voluntad de ser dueño de esta cosa.

            Ok. ¿Qué tiene que ver esto con Purim? A ver.

            Purim, según mi humilde modo de ver, podría ser llamada la "Fiesta de la Identidad". Así como Pesaj es la Fiesta de la Libertad, Purim festeja la identidad. Una identidad que sale afuera, que se manifiesta en el momento clave para seguir siendo lo que realmente somos.

            Y en este Purim, podríamos pensar, por qué deberíamos escondernos. Y sí, hay judíos que se esconden. Niegan lo que son. Abandonan su identidad con una facilidad y ligereza que sorprende.

            Como en la mishná mencionada más arriba: Deciden hacer Ieush de su identidad judía, la dejan abandonada, y esta identidad pasa a ser un Hefker, una cosa de nadie.

            Dos posibilidades:
            -Nadie recoge eso que quedó tirado, se pierde para siempre.
            -Otro recoge aquel bien abandonado, lo hace suyo, lo posee, y ya no hay derecho a reclamo.
            El ex dueño lo dejó abandonado, y por más que llore y patalee, no hay derecho a reclamo alguno.
            Eso que era suyo ya no le pertenece.

            Una tercera opción: Escuchar este grito de tu identidad. Ese “pregón” que anuncia que hay algo que es tuyo y que te está esperando a que lo busques.

            Queridos amigos: La identidad judía es de cada uno de los judíos que poblamos este mundo.
            No de un grupo superior, ni un grupo privilegiado. Pero si decidimos abandonar nuestra identidad, dejamos no sólo de ser judíos, sino que si un día decidimos volver a reconectarnos con lo "judío", es probable que la cosa ya no se parezca en nada a lo que habíamos dejado. El nuevo dueño hizo, con mejor o peor criterio, lo que le pareció mejor.

            Por eso, les propongo en este Purim, comprometerse a pleno con nuestra identidad. Una tradición milenaria, inmutable en el sentimiento, y en total movimiento en el pensamiento, prácticas y acciones.

            ¿Tu ser judío es tu orgullo? Actúa en consecuencia.
            Eso que aprendiste alguna vez te sirve. Siempre.

            Ahora sí.
            Durante el día de mañana a ayunar: Tzom Kal.
            Y a la noche recibir con cariño y amor el abrazo de tu identidad que te pide salir a festejar.

¡Purim Sameaj!

Meir Szames



[1] “Hefker” הפקר es la cosa abandonada, la cosa de nadie (res nullius).
[2] “Ieush” יאוש es la voluntad de dejar de poseer algo (pérdida del animus domini, para mis amigos abogados)

11.2.15

PARASHAT MISHPATIM Atá Ben Jorín – Sos libre

Shemot (Éxodo) 21:1 - 24: 18

                “Y éstas son las leyes que habrás de exponer ante ellos” (21.1). Ve-ele ha-Mishpatim… Así comienza la parashá de ésta semana. Una parashá hermosa, repleta de cosas para hacer, contando con la mayor cantidad de mitzvot de todo el libro de Shemot: 53. Es, a su vez, la continuación del relato de lo que ocurre en el Monte Sinaí, ya que, como explica Rashi, cuando al principio la parashá dice "Ve-ele" ‘y éstas’ viene a enseñarnos que, como los Diez Mandamientos son entregados en Sinaí, también todas "estas leyes" de Parashat Mishpatim son entregadas en Sinaí. Estas leyes incluyen muchas de las normas del derecho civil y penal del judaísmo: Esclavitud, el Shabat, responsabilidad, el robo, préstamos, fraude, idolatría, ofrendas a Dios, el falso testimonio, piedad hacia los animales, año de shmitá, festividades, sólo por citar algunas temáticas que nos ofrece ésta sección de la Torá. Todas ellas son también reveladas por Dios en Sinaí. Luego, la tradición oral (Mishná, Talmud, Halajá) reglamentará la aplicación genérica de las leyes.
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                La oreja: En el versículo siguiente, la primera ley que aparece, nos expone a un tema que a la lectura rápida llama la atención y es complejo: el esclavo hebreo. Leemos en el versículo 2 “Cuando comprares un esclavo hebreo…” ¡¿Cómo?! ¿Esclavo hebreo? Veníamos leyendo del final de la esclavitud en Egipto; del cruce del mar y la libertad física; de los Diez Mandamientos; y de repente, un esclavo hebreo. Difícil imaginar la situación y los motivos que llevan a la Torá a seguir éste orden de ideas. El posible motivo que nos da Rashi para ésta situación es, basado en el midrash, que la persona sea comprada de manos del tribunal (Beit Din) que lo vende a causa de un robo que ha cometido. Como lo detalla el texto de la Torá, ésta situación duraba como máximo seis años, ya que en el séptimo año saldría en libertad. (Hay otros motivos posibles de que una persona caiga en esa situación, los cuales son detallados en la Torá y el Talmud).
                Ahora, estas reglas sobre el “esclavo” no nos dejan de sorprender. Pocos versículos después nos dice la Torá: “5. Mas si decir dijere el esclavo: Amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no quiero salir libre. 6. Lo acercará su señor hasta los jueces, y lo acercará a la puerta o a la jamba, y perforará su señor su oreja con la lezna y lo servirá, por siempre”.
                Existía la posibilidad de que el esclavo llegase a estar cómodo y bien tratado por su amo y quisiera quedarse con él “por siempre” (Quiere decir hasta el año del יובל "Iovel" -jubileo-, trabajar hasta el "Iovel" no quiere decir trabajar 50 años, sino hasta la llegada del "Iovel", que ocurría cada 50 años). En ese caso, como lo relata el versículo citado, el amo tenía que presentarse ante una corte. Esta escuchaba la declaración insistente del esclavo y procedía a perforar su oreja. Al menos a mí, me resulta muy fuerte la imagen
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                Escucharemos: Al final de la parashá, aparece un texto muy conocido que dice: “24:7. Tomó Moshé el libro del Pacto y lo leyó a oídos del pueblo. Ellos dijeron: Todo lo que ha dicho Adonai haremos y aceptaremos (literal haremos y oiremos)”. El famoso “Naasé ve-Nishmá”. La aceptación por parte del pueblo de Israel de toda la Torá. Una vez que son entregados los Diez Mandamientos, una vez que se explican todas y cada una de las implicancias de la Ley, las mitzvot y sus particularidades, la Torá es escuchada y aceptada. Es hora de ponerse en acción.
                Lo llamativo es que la forma de aceptar que manifiesta el pueblo es escuchando.
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                La libertad: El primero de los Diez Mandamientos dice: “Yo soy Adonai, tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”. Adonai se presenta a sí mismo como el Dios de la libertad. Dios saca al pueblo de Israel de la esclavitud, para que no sirvan más a otras personas ni a falsas deidades, y  se dediquen a servirlo a Él.

                La persona cae en condición de esclavo, por no oír. Se podría decir que no escucha los mandamientos, cuando le dicen que no debe robar, cuando Dios le dice: no tengas otros dioses.
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                Hoy por hoy: En nuestros días, la esclavitud tiene plena vigencia y, según mi humilde visión, tiene dos formas:
                1) Es la esclavitud a la que cada de uno de nosotros se somete por voluntad propia. Sin necesidad de un faraón o de alguien que nos pegue con un látigo, nos sometemos a la esclavitud de la rutina, del dinero, del trabajo, de la desidia, del “no te metas”, etc. Es lamentable, pero es lo que cada uno de nosotros elige.
                2) La más grave y humillante hacia el género humano: aún en éste posmoderno siglo 21 hay personas que son sometidas por “faraones” modernos a los mayores vejámenes y trabajos forzados, ya sea en una fábrica hacinados o en un cuartito, por ejemplo. Hasta tienen nombres propios estos asuntos: Trabajo esclavo, trata de personas, por citar algunos de los tantos nombres que recibe la esclavitud en ésta época del mundo. Esto, no lo elige nadie por propia voluntad.

                Será el trabajo de cada uno de nosotros el re-aprender:
                A escuchar.         A escuchar a un ser querido que intenta aconsejarnos.
                                               A oír esa voz milenaria de nuestra Tradición que todos los días llega hasta vos. El reclamo de cada uno de los Profetas del TaNaJ que pide por una sociedad más justa y un mundo mejor. Estar atentos para no caer y no ser cómplices mudos de las injusticias. No caer esclavos del silencio, de la paralización y del miedo.

                A saber valorar lo que tenemos. Como decimos cada mañana en Shajarit: “Baruj Atá Adonai Eloheinu Melej HaOlam she-asani Ben Jorín”, Bendito Eres Tú Adonai, Dios Nuestro, Rey del Universo, que me haces libre. No permitamos que ésta Brajá (bendición) sea en vano. Hagamos de esas palabras una realidad. Para nosotros mismos y para todos.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Meir Szames


Éstas palabras de Torá están dedicadas a la bendita memoria de Margot Kofman de Schvetz (Margalit Tikva Bat Jaim Z”L), quien en vida luchara fervientemente contra las modernas formas de esclavitud y maltrato, y que su luz sigue iluminándonos a siete años de su partida física de éste mundo. ת.נ.צ.ב.ה.

28.1.15

TAN IGUALES COMO DIFERENTES

25- Tan iguales como diferentes 
(Capítulo 25 del libro “VIVIR SIN ETIQUETAS”, escrito por mi Rab Damián Karo, quien me facilitó éste texto para compartirlo)

Vimos que los seres humanos somos todos iguales y al mismo tiempo cada uno es único, irremplazable e irrepetible. Es solo una cuestión de perspectiva, de cuánto focalizamos: si abrimos suficiente el foco, somos todos iguales; si lo cerramos, somos todos diferentes. Somos todos iguales en nuestra condición de humanidad y a la vez cada ser humano es único y aporta algo singular a la vida, al grupo.
Todos somos parte de varias minorías y la vez de la humanidad toda. Dijimos que los seres humanos somos sociables, nos vinculamos con otros, vivimos en grupos y creamos cultura. En nuestra sociedad, la agrupación de los individuos y la segmentación son utilizadas para la dominación y para generar ventas. Puede que sea beneficioso para alguien, pero seguro no lo es para la mayoría de nosotros. En el “divide y reinarás”[1]aplicado en el que vivimos los que reinan puede que estén satisfechos, el interrogante es por qué lo legitimamos. Como vimos, en el momento en que dejamos de legitimarlo el sistema se desmorona. Sostenemos el régimen cuando nos enfrentarnos entre nosotros y, principalmente, cuando nos discriminarnos por nuestras diferencias. Recordemos que todos pertenecemos no solamente a uno sino a varios grupos al mismo tiempo y es lo que nos hace particularmente únicos. El collage que somos nos constituye.
Las diferencias surgen de nuestra originalidad y son precisamente esas diferencias las que nos enriquecen en el encuentro con el otro. En nuestra cultura esas diferencias han dado lugar también a la discriminación[2], la marginalidad y la exclusión. Como vimos, toda sociedad se compone de individuos, y estos debieran ser lo más importante y su satisfacción el objetivo principal. En la nuestra, se persigue el beneficio de pocos en detrimento de muchos. Vivimos en sociedades en las que la discriminación, la marginalidad y la exclusión han dejado a muchos con menos que nada. A todos como humanidad responsable del otro, de nuestro hermano, nos falta el alimento, la salud, la libertad, la educación, el trabajo, la vivienda, la dignidad.

Repasemos un poco de historia: la Declaración Universal de los Derechos Humanos se proclamó en 1948, con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El gran tema de la Segunda Guerra, no resuelto aún por la humanidad, se relaciona con las fabricas de la muerte y con la estruendosa complicidad del silencio mundial, en principio, siguiendo por los campos de exterminio y coronado por las masacres de Hiroshima y Nagasaki. La “novedad” fue la sistematización del asesinato y el silencio cómplice del mundo que lo permitió. Después de eso aparece la Declaración de los Derechos Humanos. ¿Acaso resolvimos como humanidad el problema central? ¿Dejamos de considerar a los que están del otro lado del mundo, a los diferentes de nosotros, como menos humanos que nosotros? No, no lo resolvimos. Por más convenciones que hagamos, declaraciones de derechos y tratados internacionales que firmemos, o no, no resolvimos nosotros en nuestro hogar, en nuestra mismidad, en las palabras que elegimos y con las que construimos un mundo que es bien distinto del que decimos que queremos. Por los temas no resueltos que dieron lugar y que permitieron a las atrocidades de la Segunda Guerra es que en la posguerra tantos pensadores han trabajado los temas de la otredad y la responsabilidad[3]. La discriminación, la marginalidad y la exclusión son problemas que continuamos aún sin resolver. Tampoco hemos alcanzado los ideales proclamados en la Revolución Francesa[4](1789) de igualdad, fraternidad y libertad. Las Declaraciones de Derechos Humanos son palabras que representan intenciones que calman nuestras conciencias, pero que no son suficientes para resolver los temas de fondo.

La marginación es hija de la discriminación. Marginamos y excluimos a los débiles o a los que queremos debilitar, y los llamamos “minorías” aunque no lo sean. ¿Qué es una minoría? Tomemos distancia un instante de la respuesta inmediata, pensemos con las palabras que mejor describen, las menos enmascaradoras, las que no están encubriendo sino ayudándonos a descubrir el meollo del concepto. Asumamos una posición que nos permita formular preguntas respecto de lo que estamos analizando; preguntas que, bien formuladas, son la mitad de la respuesta. Entonces veremos que una minoría es un grupo de individuos diferentes de nosotros, marginal. Es decir que nuestra cultura, además de ser dominante, nos formatea de modo tal que quien no sea idéntico a nosotros es menospreciado y la vez considerado una amenaza. Su modo de ser diferente por sí mismo cuestiona nuestra cultura. Al ser una sociedad inmadura, necesitamos de la constante aprobación de los demás. No es suficiente adorar a nuestro Dios sino que necesitamos que todos lo adoren. Porque es tan frágil nuestra fe que necesitamos que todos los demás la validen. Si estuviéramos maduros y seguros de nuestras ideas y deseos, si nos apropiáramos de nuestras elecciones, no precisaríamos de tantas confirmaciones externas. Porque sosteniendo que el errado es el otro confirmamos que nosotros estamos en lo cierto. Si otro es diferente, deja al descubierto que existe la posibilidad de ser distintos. Nosotros también podríamos cuestionarnos y re-elegir, y es a esa libertad responsable a la que le tememos. Como los animales nacidos, tras muchas generaciones, en cautiverio, estamos aterrados ante la posibilidad de que alguien se deje la puerta de la jaula abierta.
Al discriminar nos tornamos ridículos, analicémoslo y veamos: la acepción del término “minoría” es ajena a como generalmente la utilizamos, es grotesco pensar en que un grupo mayoritario puede ser llamado minoría. Por ejemplo, puede ser que haya más mujeres que varones, pero mientras el poder y la dominación estén en manos de los varones, seguirán siendo consideradas una “minoría”, débiles y vulnerables. En la era de las “comunicaciones” y “la aldea global” consideramos algo minoría, diferente y marginal según el lugar en el que nos encontramos, esto es por lo menos extraño. Por ejemplo, si en una ciudad somos mayoría los de nuestro credo respecto de los de otro discriminamos a estos considerándolos minoría olvidando, por otro lado, que en el país ellos son mayoría. Podríamos continuar con esta lógica y prestar atención a que América y Europa son minoritarios en terrenos y población, mientras se comportan como si fueran mayorías.
¿Otro ejemplo? Un chino en Buenos Aires puede ser discriminado como una minoría siendo los chinos por lejos mayoría en el mundo respecto de los argentinos. O también puede ser discriminado por cómo habla el español siendo que nosotros en China no hubiéramos hablado mejor el chino en el tiempo que el aprendió el idioma.
Maduremos, enorgullezcámonos de quienes somos y dejemos ya de burlarnos de los diferentes de nosotros; amémonos y podremos amar a los otros.

Discriminadores anti-discriminación
Muchas veces enarbolamos hipócritamente las banderas de los derechos humanos en pos de nuestro grupo. Supongamos que hubo una agresión contra alguien de un grupo al que pertenecemos. Vamos a marchar y a declamar por los Derechos Humanos por la no violencia, la no discriminación, el no ataque contra las minorías, que casualmente en este caso es la nuestra. Al día siguiente, otro grupo minoritario es agredido y convoca a una marcha reclamando lo mismo que nosotros en el día de ayer: la instrumentación y vigencia de los Derechos Humanos, de no agredir a las minorías y de que esa minoría no sea discriminada, etc. Ahora bien, si es cierto lo que proclamamos ayer debiéramos participar activamente hoy en la marcha. Si ellos están convencidos de lo que están proclamando, debieran haber marchado también con nosotros ayer. Y quien agredió —a los dos grupos— también pertenece a una minoría. Aquí está la trampa que una vez descubierta es la solución misma. El problema es que estamos reclamando egoístamente desde nuestro propio interés y no verdaderamente por los Derechos Humanos. No nos comportamos como si auténticamente adhiriéramos a ellos, sino que utilizamos los Derechos Humanos para nuestro propio beneficio. Si todos deseáramos y obráramos en pos de los derechos individuales y contra la opresión, la imposición, la diferenciación por sí mismas, todos iríamos a todas las marchas y repudiaríamos todos los actos de discriminación. Es decir, que no habría más ni marchas ni agresiones.

De nueras y yernos
Los míos, los tuyos, los nuestros
Cuando a alguno de los dos integrantes de una pareja le disgusta algo de alguno de sus suegros, en el caso que sea un tema para conversarlo, se sugiere que quien lo hable sea su hijo y no su yerno o nuera. Cada uno de los cónyuges puede enfrentar a sus padres, pero no es recomendable que lo haga con sus suegros. Si en la pareja hay un buen diálogo y cada quien habla con sus propios padres, entonces estos entredichos serán diluidos y olvidados en el transcurrir del tiempo. Esto es así ya que el amor de los padres por los hijos permitirá sanar las heridas, mientras que con el yerno o la nuera la anécdota quedará fijada en los malos recuerdos.
De manera análoga, si realmente nuestros valores son los que pregonamos, como los de los Derechos Humanos, sería más efectivo que cada uno los predique entre los de su propio grupo en pos de los de los otros. Si decimos creer en la no discriminación —y no es una excusa para que no nos discriminen a nosotros sino que verdaderamente creemos que la discriminación es negativa—, entonces podemos hablar con “los nuestros” contra la discriminación de todos “los otros”. Por ejemplo, si un judío les habla a favor del Islam a los judíos, van a escuchar mejor que si lo hace un islámico; los conoce mejor, comparte los códigos, las mismas sensibilidades y sabe cómo abordarlos. Pero si un islámico les habla a los judíos, es probable que no llegue su discurso a ser aceptado y hasta que sea contraproducente. Al judío que habla de no discriminar a los islámicos se lo puede condenar entre los propios, sin embargo ahí termina el asunto. Mientras que si el islámico les dice las mismas palabras, condenarán a todos los islámicos. Seamos coherentes en nuestros actos para que se cumplan nuestros deseos. Trabajemos para que los valores que pregonamos sean los que rijan nuestra sociedad, y pidamos para todos lo mismo que pedimos para nosotros. Ocupémonos de plasmar los valores en los que creemos para la humanidad y no solamente para nosotros.

Aquello a lo que no estamos acostumbrados, que pertenece a otra cultura, nos impacta. Si estuviéramos seguros en nuestra mismidad, con nuestro amor por nosotros, con nuestra felicidad, no estaríamos tan necesitados de definir, etiquetar, a quien acostumbra o elije otra cosa, como si fuera otro completamente ajeno a nosotros. Podríamos focalizar en que es o elije lo mismo que nosotros: ser libre, responsable y feliz; que está atravesado por su cultura y se libera hasta donde puede; que va siendo en sus elecciones, que no son ni buenas ni malas, ni propias ni ajenas, sino las suyas, y que es lo más amoroso posible consigo y con los otros.
Somos iguales, lo único que sucede es que usamos ropas diferentes, hablamos diferentes lenguas, adoramos dioses diferentes, disfrutamos de maneras diferentes, comemos alimentos diferentes, tenemos creencias diferentes, sistemas diferentes de familia, de sociedad, de vida, de medicina, de tecnología. No existe ningún problema en ello. Veamos qué podemos compartir y aprender de otras culturas. Compartamos saberes, costumbres, artes, estilos, ritos, ideas, creencias, y seguiremos siendo quienes somos.


[1] Nicolás, Maquiavelo, El príncipe.
[2] El Diccionario de la Real Academia Española define discriminar como: “Seleccionar excluyendo, dar trato de inferioridad a un individuo o colectividad”.
[3] Emmanuel Lévinas, Martin Buber, etc...
[4] Como dice Adolfo Aristarain en Lugares comunes.


22.9.14

ROSH HASHANA 5775 - “Una canción interesante”

                Rab Zushe pasó una vez por un prado donde un pastor, en medio de su rebaño de ovejas, tocaba una melodía con su flauta de sauce. Se acercó y escuchó hasta que la aprendió y pudo llevársela consigo. Así fue cómo la canción de David, el pastorcillo, fue liberada de su largo cautiverio.


                Hoy nos encontraremos todos en el Beit HaKneset, en la Sinagoga, dando inicio a un nuevo año.
                Y yo, por mi parte, llevo todo este año con una palabra dando vueltas en mi mente: INTERESANTE.
                Este pensamiento tiene que ver con los que a muchos de nosotros nos pasa, que la tradición del Pueblo Judío se nos escapa, o la dejamos escapar, ya que no nos resulta interesante.
                Pero si fuera así, ¿Qué hacemos todos nosotros hoy acá? Algo estamos buscando.

                Si revisamos el recorrido de nuestro pueblo, nos daremos cuenta que siempre hubo personas dispuestas a seguir adelante, a darle una vuelta de tuerca más a lo nuestro.
                Y si, si nos quedamos esperando que los demás lo hagan por nosotros, es probable que nos cansemos de quedarnos quietitos esperando, en lugar de salir a hacerle frente.

                ¿No se entiende aún lo que vengo a decir?

                Abraham Avinu siente que la forma de actuar de sus mayores no era adecuada, y se convirtió en un IVRÍ, un hebreo, una persona dispuesta a romper con los moldes de su época. Destruyó los ídolos del padre, y salió en búsqueda de su propio camino, guiado por la Voluntad Divina.
                Lo mismo pasa con Moshé Rabeinu, quien sale de la comodidad de ser príncipe en Egipto, y se decide a ser libre, libre de decidir en qué creer, cómo hacer. ¡Y vaya revolución que logra Moshé…! Hace más de 3000 años que venimos siguiendo su línea.

                Aun más, los judíos no vivimos en base a los cinco Libros de Moshé, sino que leemos esa Torá con los ojos del Talmud, nuestra Ley Oral. Hace poco menos de 2000 años, Nuestros Jajamim, de Bendita Memoria, quienes venían transmitiendo de modo oral la Ley entregada por Dios a Moshé en el Sinaí, se vieron obligados, por las persecuciones, a tener que escribirlas. Ya sin Beit HaMikdash - Templo de Ierushalaim -, sin korbanot (ofrendas), se vieron obligados por la situación e hicieron que el pueblo judío siga viviendo, haciendo interesante cada una de las leyes y costumbres, teniendo en cuenta las condiciones que inevitablemente nos traía aparejadas el exilio.
                Lo mismo que el famoso RaMBaM - Maimónides, Iosef Karo con su obra legal y cuantos más.
                En la misma línea, a través del movimiento sionista, tomamos una vez más nuestro destino en nuestras manos y vivimos una de las etapas de mayor florecimiento de nuestra vida como pueblo, y ya son más de 66 años de Medinat Israel.

                Esperemos un poco… ¿Qué tiene que ver todo esto con la fecha que nos reúne hoy?

                Hoy es IOM HADIN, el “Día del Juicio”, el mundo viene a ser juzgado. Todos los seres humanos nos presentamos ante Dios. Como pueblo judío venimos a revisar y rectificar nuestro andar, si hubiera necesidad, mediante la Teshuvá.

                ¿Qué es esto de que el mundo viene a ser juzgado?

                En el tercer día de la Creación del mundo según relata la Torá en Bereshit (Génesis) 1:11: “Dijo Elo-him: Germine la tierra césped / vegetación ... Y fue así”. En hebreo דשא הארץ תדשא tadshé ha-aretz deshe”.
                “DESHE דשא”, significa en hebreo césped, hierba, pasto. Como el que encontramos en un campo, en un prado. Como bien sabemos, Nuestros Patriarcas, el Rey David, y muchos otros dentro de nuestra tradición, eran pastores.
                Imagínense a aquél pastor del campo del cuento de Rab Zushe, רועה rohé, con su canción. Imaginemos, también, que cada persona tiene una melodía. Podrá ser una canción de nostalgia, quizás una canción de amor. Las hay tristes y alegres. Ensayadas e inéditas.

                Imagínate a ese pastor caminando por el verde prado.

                A nosotros mismos nos va a tocar ser “esebעשב pasto, y no un “etzעץ árbol. El árbol es firme, pero si viniera una tempestad, lo arrancaría.
                Nos toca ser עשב pasto, hierba, ya que el ser עשב “eseb” permite a la historia seguir. Viene el viento, nos despeina y nos volvemos a enderezar. Pero esta significación del DESHE, del pasto, tiene una significación simple y no visible a primera vista.
                El mundo viene a ser juzgado. A nosotros nos toca la tarea de hacer brotar el “DESHE דשא”, cuyas iniciales contienen tres palabras claves. DIN דין, SHALOM שלום, EMET אמת. Justicia, Paz y Verdad.

                Con esto respondemos hoy en Rosh HaShaná, con justicia, con paz y con la verdad. Sabiendo que no vamos a renunciar a nuestra tarea milenaria de continuar con la cadena de seguir proponiéndonos interesarnos y hacer interesante nuestra tradición como Pueblo de Israel.
                Nuestra respuesta será una canción del DESHE, siempre realizando acciones concretas: Buscando y persiguiendo justicia, anhelando y haciendo la paz y siempre respondiendo de corazón, con la verdad.
                Será una canción de amor por lo nuestro y los nuestros.

                Que este 5775 nos traiga JUSTICIA, PAZ y VERDAD, que nos traiga un año de cosas dulces y mucha alegría, y la posibilidad y concreción de seguir haciendo crecer a nuestra Kehilá.

שנה טובה ומתוקה
SHANÁ TOVA UMETUKA


Meir Szames

3.7.14

PARASHAT BALAK - “CONOCIENDO AL PROFETA MIJÁ”

                Esta semana corresponde la lectura de Parashat Balak (Bemidbar – Números 22:2 – 25:9) y su Haftará corresponde al Profeta Mijá, capítulos 5:6-6:8.
                La Haftará es una porción de Biblia, por lo general perteneciente a los libros de los profetas, que acompaña desde antaño a la lectura de la Torá.
                Les propongo esta semana, centrar nuestras miradas en este particular profeta del pueblo de Israel.
                El Profeta Mijá, cuyo nombre parece abreviatura de Mi-ka-yá (¿Quién como Adonai?), vivió entre los años 750 y 690 a.e.c., siendo contemporáneo de Ieshahiahu, Hoshea y Amós.
                Según el testimonio de Irmiahu 26:18, “ancianos” de la época relatan que Mijá había profetizado bajo Hizkiahu, rey de Iehudá.

                El libro de Mijá - uno de los doce libros menores de los profetas – cuenta con siete capítulos. En ellos, faltan algunos de sus rasgos biográficos, así como datos históricos de su época.

                Una de las características de este profeta es que, al referirse a los desposeídos, nunca los llama “pobres o menesterosos”: más bien se refiere a ellos con el titulo de nobleza “hammi” - mi pueblo -, queriendo significar “el pueblo de Dios.

                Un versículo sólo (Mijá 6:5) articula la analogía entre esta Haftaráh y Parashát Balák: “Pueblo Mio recuerda ahora qué había tramado Balák, rey de Moab, y qué le hubo contestado Bilhám, hijo de Bejór, desde Shittím hasta Guilgal, para que se hayan de saber las bondades de D’s.

                Los pasajes principales de nuestra Haftará los encontramos en el capítulo 6, entre los versículos 1 a 8. En los mismos, el profeta interpela al pueblo, y a quien lo escuche, preguntando qué debería ser ofrendado a Dios. ¿Grandes ofrendas materiales para complacer a Dios? ¡No! “Te ha dicho a ti, hombre, lo que es bueno y lo que Adonai requiere de ti, pues solamente hacer justicia, amar la benevolencia y encaminarte con recato con tu Dios” (Mijá 6:8).
                Este versículo es el que eleva aún más al Profeta Mijá.
                Basándose en la esencia misma de la Torá, la resume en tres valores genéricos que, a sus ojos, sintetizan lo que bueno y lo que Dios pide a las personas:
a) hacer justicia, que según Abarbanel incluye todos los preceptos “bein adám lajaveró” .entre el hombre y su prójimo, que regulan y ordenan la relación en la dimensión entre congéneres.
b) amar la benevolencia, según Abarbanel en referencia a las situaciones en que la persona tiene que actuar “lífnim mishurát hadín”, renunciando a los propios derechos en aras de la armonía social.
c) encaminarte con recato con tu Dios, que según Abarbanel significa estar al Servicio de Dios, no solamente en público, sino en lo más íntimo de nuestro ser. O sea aferrarnos a la fe en Dios, que resulta a veces, invisible a los ojos del prójimo.

                Un mensaje poderoso nos deja este versículo, más allá de su análisis dentro del contexto de la profecía de Mijá.
                Al final de Parashat Balak veremos como una parte del pueblo, reflejada en el actuar de Pinjás (Bemidbar 25:7-8), parece entender que lo que desea Dios es un actuar “pasional y punzante”.
                Y Nuestros Sabios, por otro lado, contraponen esta porción del Profeta Mijá. No es casual. Ellos eligen otra visión del mundo.
                Nuestro pueblo, y la humanidad toda, no están compelidos por Dios a la violencia. Muy por el contrario, a través del profeta se nos dice: A NOSOTROS HOMBRES, SEPAMOS LO QUE ES BUENO Y LO QUE ADONAI REQUIERE DE NOSOTROS, SOLAMENTE HACER JUSTICIA, AMAR LA BENEVOLENCIA Y ENCAMINARNOS CON RECATO CON NUESTRO DIOS.

                En tiempos donde la violencia es la única respuesta, hay que buscar la paz.

¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ! Un Shabat de paz y bendición
Meir Szames

18.6.14

PARASHAT KORAJ - Leshem Shamaim

                Esta parashá, seguirá marcando un camino hacia actitudes negativas que acostumbramos a tener los seres humanos. En semanas anteriores hemos visto la maledicencia –lashón ha-rá-, en Behaalotejá; el pesimismo llevado al extremo, en Shlaj Lejá. En Parashat Koraj nos encontramos con un grupo de personas dispuestas a llevar sus ambiciones al máximo de la escala, sin importar si con ello llevaban a todos a un mal camino.
                La intención de Koraj y sus seguidores era clara: ellos querían sacar a Aaron en primera instancia, y luego a Moshé, de sus puestos, y tomarlos para ellos. No importaba si eran elegidos por Dios, respetados por el pueblo, etc. Ellos acusaban a Moshé, ejemplo de humildad, de pretender enaltecerse sobre el resto del Pueblo de Israel. Finalmente, Moshé se hizo a un lado, y la Torá nos relata como Dios no validó el reclamo de Koraj, y fue tragado por la tierra (Bemidbar 16:31-33).
                Esta actitud, quedará signada por nuestra Tradición Oral, que nos dice: “Toda controversia entablada en nombre del Cielo –‘leshem Shamaim’- (justicia, verdad, etc.), logrará resultados permanentes, mas aquella que no lo es, terminará en fracaso. Las controversias entre Hilel y Shamai son el prototipo de la controversia en nombre del Cielo, mientras que la de Koraj y sus seguidores es la opuesta.” (Pirkei Avot 5:17)
                Hilel y Shamai son dos de los más grandes Sabios de nuestra Tradición Oral, el Talmud.
                Ellos dos, diferían habitualmente en sus opiniones legales, llevando a cabo discusiones por cada tema que se presentaba. Mayoritariamente, la ley (Halajá) se establecía según la opinión de Hilel, ya que el siempre pensaba en la disposición menos gravosa para el pueblo.
                En nuestros días, hablar de 'discusión' y 'pelea' es hablar de sinónimos. Si alguien tiene intenciones de discutir conmigo, me odia, quiere pelearme, y evidentemente está equivocado.
                El dueño de la 'verdad' soy yo. Asunto terminado.

                Pero alguna vez la cosa fue distinta.

                Hilel y Shamai, así como sus alumnos y seguidores, DISCUTÍAN a 'cara de perro' cada letra, cada punto, cada expresión y cada aplicación de la Torá. Y así fueron formando la Halajá. Traducida generalmente como "Ley judía", pero que significa CAMINO.
                En la Mishná (tratado de Iebamot 1:4) dice: “… a pesar de que unos permiten lo que otros prohíben y de que otros declaran inhábil lo que otros declaran hábil, la escuela de Shamai no impide que se tomen en casamiento mujeres pertenecientes a la escuela de Hilel ni la escuela de Hilel a las de Shamai. Respecto a las cosas puras e impuras que unos declaran puras y otros impuras, no impiden que se usen como puras, apoyándose los unos en los otros.

                Hilel y Shamai, y sus seguidores, aceptaban que el otro podía tener un punto de vista distinto sobre algún aspecto de la vida. Y respetaban la opinión ajena. Es más, en ocasiones, se conducían según la opinión del otro, al entender que era igual de válida que la suya.
                Así lo demuestra esta fuente de Iebamot, antes citada, donde lo más preciado, los hijos, seguían el ejemplo de los mayores y formaban familias juntos.

                Que podamos encontrar el camino de la bendición y el respeto, haciendo honor a una tradición varias veces milenaria que nos pide ser sus continuadores, haciéndonos eco de aquellas discusiones que enriquecen nuestra vida como sociedad y como pueblo.


¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ!
Meir Szames

12.6.14

PARASHAT SHLAJ LEJA


                Esta semana nos espera una parashá sumamente interesante e importante. Comienza el fin de la ‘Generación del desierto’. El decreto de deambular por el desierto durante 40 años de modo tal que la generación que entre a la Tierra Prometida sea una nueva generación, una generación libre, que no haya conocido la esclavitud egipcia.
                En el inicio de la parashá, Dios ordena a Moshé que envíe doce hombres, exploradores-espías, a la tierra de Canaan. Un enviado por cada tribu de Israel. Son designados en hebreo con el nombre “Merraglim”. Debían traer un informe detallado de la tierra a ser conquistada, así como de sus habitantes y ciudades.
                Esta misión dura 40 días, donde los exploradores recorren la tierra de Canaan,
                Al regresar, en lugar de entregar el informe a Moshé, juntan a toda la congregación de Israel, y 10 de ellos entregan un informe desalentador, lleno de mentiras (los comentaristas explican que es probable que estos 10 espías no hayan siquiera pisado la tierra a ser explorada), insistiendo en que sería imposible para el Pueblo de Israel conquistar y tomar lo que Dios les había prometido. La difamación que hicieron se resume en la frase “eretz ojelet ioshbea hí – tierra que se come a sus habitantes es” (Bemidbar 13:32). La congregación lloró y pidió volver a Egipto, ya que preferían ‘la esclavitud a morir en el desierto’.
                Los únicos dos que dieron un informe positivo y real fueron Ioshua Bin Nun, de la tribu de Efraim (asistente de Moshé) y Caleb Ben Iefuné, de la tribu de Iehudá.
                Es más, Caleb se para en frente de todo el pueblo y dice su histórica frase, que seguiría siendo inspiradora durante toda la historia de nuestro pueblo, en especial en el siglo pasado con el surgimiento del movimiento sionista: “ALÓ NAALÉ” (…Ascender habremos de ascender y la vamos a poseer, pues poder, vamos a poder con ella. Bemidbar 13:30).

                Frente a una mayoría miedosa, la figura de Caleb Ben Iefuné se levanta y magnifica. Ante el miedo y desencanto generalizado, un solo hombre sale a poner la cara por un proyecto, por sus hermanos, por la esperanza de un futuro mejor.
                Este mensaje se ve reflejado en cada generación, donde ante la desidia y el temor de algunos, siempre se levantan hombres y mujeres dispuestos a hacer de este mundo un lugar mejor. Como dice el Pirkei Avot (2:6) ‘bemakom she-ein anashim, ishtadel liot ish’ “EN EL LUGAR DONDE NO HAY HOMBRES INTENTA SER VOS HOMBRE”

                Que podamos tener siempre una mirada positiva de lo que viene, y que nos podamos ocupar nosotros mismos de lograr el cometido de la continuidad y la tradición.

¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ!
Meir Szames