19.8.15

PARASHAT SHOFTIM - LA JUSTICIA (que ojala llegue)

Devarim – Deuteronomio 16:18 - 21:9

                Esta parashá, es una de las secciones principales de nuestra Torá. Y aunque todas las secciones de la Torá son importantes, Parashat Shoftim guarda entre sus líneas un valor principalísimo de nuestra Tradición: LA JUSTICIA.
                Creo que preferiríamos hablar de otro tema, ya que en nuestra época, podríamos pensar que la justicia es casi una utopía. Sin embargo, hagamos el intento.

                En el capítulo 17 nos encontramos con el siguiente párrafo: “8. Cuando te quedare oculto a ti un caso para juicio: entre sangre y sangre, entre pleito y pleito, o entre herida y herida, casos de controversias en tus ciudades... te levantarás y ascenderás al lugar que habrá elegido Ado-nai tu Dios. 9. Y te allegarás a los Cohaním -de la tribu de Leví- o al juez que hubiere en aquellos días... e inquirirás y te aclararán el veredicto del juicio. 10. Y habrás de hacer según la sentencia que ellos te aclaren a ti -desde el lugar aquel que habrá de elegir Adonai- y cuidarás para cumplir, de acuerdo a todo lo que ellos te hayan de enseñar. 11. De acuerdo con la Torá que te hayan de enseñar y según el juicio que ellos te digan habrás de hacer; no te apartes -de la sentencia que te habrán de aclarar- ni a derecha ni a izquierda”.
                Se nos ordena aquí la obediencia a los jueces. Se refiere específicamente a los jueces del Sanhedrín, el Superior Tribunal que funcionara desde la época de Moshé hasta la época del Segundo Templo.

                Veamos que nos enseña esto hoy. 1) ¿Quiénes son nuestros jueces o autoridades? 2) ¿De dónde proviene su autoridad?

                Usemos como guía a dos comentaristas tradicionales:
 1) Llama nuestra atención cuando en el versículo 9 dice “...o al juez que hubiere en aquellos días...” Rashí lo va a explicar así: “Incluso si el juez en tu época no es igual de grande que los demás jueces que hubo antes de él, aun así estás obligado a obedecerlo. No tienes otro juez más que el juez que haya en tus días”.
                ¿Cómo se justifica esto?
                Rashi parece expresar la interpretación talmúdica de este versículo. “El juez Iftáj en su época se equipara al profeta Shemuel en la suya; para enseñarte que, fuere quien fuere designado ‘conductor de la comunidad’, se equipara a cualquier otro que haya ostentado el mayor de los abolengos...” (T.B. Rosh Hashaná 25 B).
                Parece sumarse idealmente al versículo que dice “No digas ¿qué ha ocurrido que los días pretéritos han sido mejores que los actuales?” (Kohelet 7:10).
                Explica el Rab Edery que estas normas rigen siempre y cuando nuestros conductores -sean los que fueren- vivan de acuerdo a las enseñanzas de la Torá escrita y oral, ya que de allí emana su autoridad, para la función, en el lugar elegido por Dios.

 2) En el versículo 11 veremos una opinión de Rashi, la cual será ampliada por el Ramban. Dice Rashi: NI A DERECHA NI A IZQUIERDA: Incluso si te dice que la derecha es izquierda o que la izquierda es derecha, obedécele. Y con mayor razón si te dice que la derecha es derecha o que la izquierda es izquierda.
                Esta mitzvá de obediencia a la Corte Suprema es central para el comentarista Ramban, quien trae un largo comentario respecto a este versículo 17:11. Dice que ‘…Sea que hayan recibido esta interpretación por tradición oral, persona a persona, remontándose hasta Moshé que la recibió por Revelación Divina, o bien que nos enseñen de acuerdo al significado o a la intención de la Torá, ya que Dios la entregó acorde a su conocimiento (de los maestros de la Corte Suprema); aunque te parezca que estén invirtiendo la derecha por la izquierda. Y con mucha mayor razón deberás acatar sus decisiones cuando te digan que la derecha es derecha y la izquierda es izquierda’. Si hasta aquí no llegaras a entender lo que dice Ramban, el final de este comentario es tajante ‘…ya que el espíritu del Eterno está sobre los que sirven en su Santuario y nunca abandonará a Sus devotos; como dice el Midrash Sifri (Shoftim 154) incluso si te parece que el sabio o juez cambia derecha por izquierda y la izquierda por derecha, aun así debes escucharlo’.
                ¿Es posible que sea tan terminante?
                Hay una opinión que surge de otra fuente, Talmud Ierushalmi - Horaiot 1:1, que pareciera decir todo lo contrario: “Se podría pensar que incluso si (los jueces) te dicen que la derecha es la izquierda o que la izquierda es la derecha, aun así debes obedecerlos”. Para descartar esta suposición “el versículo dice: ‘y no te apartes de todas las palabras que yo les ordeno en este día’ ni a la derecha ni a la izquierda, (lo cual implica hasta) que te digan que la derecha es derecha y la izquierda es izquierda.”

                El concepto final de Najmánides, el cual expresa que un juez o un sabio no se equivocan, porque Dios no abandona a los que están a su servicio es, al menos, polémico.
                Sin embargo, está reflejado en la forma en que se conduce el Pueblo Judío hace varios milenios.

                Muchos se atreven a atribuirse (y aquí ya estoy saliendo de la especificidad del Pueblo Judío) la infalibilidad de sus decisiones.
                Esto lo vemos en distintos sistemas de gobierno: lo vemos en las democracias, en las monarquías, en las tiranías, en las sinagogas y en nuestras propias vidas como simples individuos.

                Más aun, esto me trae a la mente lo que ocurre con la justicia de nuestros días. Ante la comisión de un delito, las víctimas esperan que “se haga justicia”. Pero esa justicia tarda en llegar, si es que alguna vez finalmente llega. Se empantana en formalismos jurídicos, en triquiñuelas legales, en necesidades políticas.
                Una justicia que no es justa, una justicia que no llega nunca, o que llega demasiado tarde, no es justicia.

                La Justicia es un valor, que todos declamamos, y poco ejercitamos.
                Para liberarnos de la abstracción, comencé a escribir este comentario en el mes de julio, cuando se cumplían 21 años de del atentado a la AMIA en Buenos Aires, que tanto modificara nuestros hábitos comunitarios, y que todavía se mantiene sin la tan ansiada y perseguida justicia. Así también, se levanta como modelo de la falta de justicia, de la corrupción y todo lo que no queremos para nuestra sociedad.
                Esperemos que para el año que viene la justicia se torne real, y deje de ser una utopia.

                Entendamos, como dice Rashi, que la justicia que nos toca hoy en día es nuestra justicia. No importa si antes hubo una mejor. Pero sigamos también la opinión que trae el Talmud Ierushalmi, de exigir a nuestros jueces y dirigentes una justicia real, no formalismos y promesas que desvanezcan nuestro derecho y nuestra obligación de perseguir justicia.

                “No harás desviar el juicio, no habrás de ser condescendiente con conocidos; no habrás de aceptar soborno, ya que el soborno enceguece los ojos de los sabios y deteriora las causas justas” (16:20).
                En estos días de balance espiritual de Elul, no nos mintamos a nosotros mismos, no nos tapemos los ojos ni nos dejemos enceguecer, si hay algo que realmente queremos, deseamos y necesitamos, hagamos los esfuerzos necesarios para lograrlo.

                Quiera Dios iluminarnos para lograr una justicia real y equitativa, la cual nos ayude a mejorar nuestra sociedad y nuestro mundo.

                JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRÁS, PARA QUE PUEDAS VIVIR (Devarim 16:20)…
צדק צדק תרדף למען תחיה

Meir Szames


3.6.15

PARASHAT BEHAHALOTEJÁ “Una segunda oportunidad (El tren pasa dos veces)”

(Bemidbar-Números 8-12)
  
            Nuestra parashá nos invita a tratar un tema que llama nuestra atención: ‘PESAJ SHENÍ’, el Segundo Pesaj ¿De qué se trata esto?
            Dice la Torá que, al segundo año de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, Ado-nai habla a Moshé y le recuerda que en el mes primero (Nisán), en el día catorce de ese mes, deberá realizarse el Korbán –ofrenda- de Pesaj. El relato sigue contándonos que los Bnei Israel realizan el korbán tal cual lo ordenado, y de repente en el versículo 6 la Torá nos sorprende: “Pero hubo personas que estaban impuros por cadáver de persona, y no pudieron hacer la ofrenda de Pesaj en el día aquél. Se acercaron ellos delante de Moshé y delante de Aarón en aquel día. Dijeron aquellas personas a él: ‘Nosotros estamos impuros por cadáver de persona, ¿por qué habremos de ser impedidos, al no poder ofrecer la ofrenda de Ado-nai en su plazo, dentro de los hijos de Israel?’ (Bemidbar 9:6-7)”.
            Moshé consulta a Dios y este le responde: “‘Habla a los hijos de Israel diciendo: Cualquier persona cuando estuviere impuro por cadáver de persona, o que estuviere en camino lejano; ustedes o alguien de sus generaciones habrá de hacer la ofrenda de Pesaj ante Ado-nai. En el mes segundo (Iyar), en el día catorce al atardecer, lo habrán de hacer, con panes ázimos (Matzot) y hierbas amargas (Maror) habrán de comerlo.’ (Bemidbar 9:10-11)”. Y se advierte en el versículo 13: “Sin embargo, la persona que está pura y que en camino no ha estado y se abstuviere de hacer el Pesaj, será truncada la persona aquella de su pueblo, ya que la ofrenda de Ado-nai no ha ofrecido en su plazo. Su pecado habrá de cargar la persona aquélla.

            Recapitulemos:
-Dios pide la realización del Korbán Pesaj.
-El Pueblo escucha la Mitzvá y la cumple.
-Hay una parte del Pueblo que no se encuentra en el estado necesario para ofrecer el Korbán Pesaj.
-Esta parte del Pueblo que no puede realizar el Korbán, pide vehementemente tener una nueva oportunidad de celebrar su libertad y Dios les concede esta oportunidad.

            Muchas veces escuchamos la frase hecha “el tren pasa una sola vez”. Y, como todo dicho popular, algo de cierto puede tener.
            Pero, no necesariamente siempre es así.

            Replantearnos las cuestiones, volver a pensar algunos temas, barajar y dar de nuevo, es parte inseparable de nuestra identidad judía.
            Siempre se puede tener una nueva oportunidad, sobre todo, en acercarse a celebrar la libertad, la felicidad y el encuentro al que te invita la Torá y el Pueblo de Israel.

            Tu identidad te dice que pidas con vehemencia formar parte, no quedarte afuera, y así, estudiando, trabajando, aportando, participando, hacer que “el tren pase dos veces”.
            La posibilidad de volver siempre está.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ

Meir Szames

3.3.15

Purim y (el grito de) tu identidad

            Hoy son 5 años que llegué a Buenos Aires de mi Corrientes natal en busca de un camino que me ha traído muchas alegrías. Y que promete más.

            Y esta mañana, mientras estudiaba Talmud con mi Rab, me acordé de algo que me enseñaron en aquel lejano Schule correntino (o quizás me lo enseñó mi Mamá... O quizás ambos): "si encontrás algo tirado por ahí, tenés que preguntar tres veces '¿De quién es?'. Si nadie responde que es suyo, solo así te lo podes quedar".

            ¿Qué estudiamos esta mañana en el Talmud con mi Rab? La mishná de Baba Metzia 21a que dice: “¿Qué objetos hallados se hacen propiedad inmediata del que los encuentra y cuáles otros deben pregonarse?” Si uno encuentra un objeto (frutas o monedas, por ejemplo), tirados en la vía pública, se presuponen que son cosas “Hefker[1]”, es decir, sin dueño. Si tenían un dueño, a este ex dueño ya no le interesan. Ha realizado “Ieush[2]”, vale decir, ha abandonado su voluntad de ser dueño de esta cosa.

            Ok. ¿Qué tiene que ver esto con Purim? A ver.

            Purim, según mi humilde modo de ver, podría ser llamada la "Fiesta de la Identidad". Así como Pesaj es la Fiesta de la Libertad, Purim festeja la identidad. Una identidad que sale afuera, que se manifiesta en el momento clave para seguir siendo lo que realmente somos.

            Y en este Purim, podríamos pensar, por qué deberíamos escondernos. Y sí, hay judíos que se esconden. Niegan lo que son. Abandonan su identidad con una facilidad y ligereza que sorprende.

            Como en la mishná mencionada más arriba: Deciden hacer Ieush de su identidad judía, la dejan abandonada, y esta identidad pasa a ser un Hefker, una cosa de nadie.

            Dos posibilidades:
            -Nadie recoge eso que quedó tirado, se pierde para siempre.
            -Otro recoge aquel bien abandonado, lo hace suyo, lo posee, y ya no hay derecho a reclamo.
            El ex dueño lo dejó abandonado, y por más que llore y patalee, no hay derecho a reclamo alguno.
            Eso que era suyo ya no le pertenece.

            Una tercera opción: Escuchar este grito de tu identidad. Ese “pregón” que anuncia que hay algo que es tuyo y que te está esperando a que lo busques.

            Queridos amigos: La identidad judía es de cada uno de los judíos que poblamos este mundo.
            No de un grupo superior, ni un grupo privilegiado. Pero si decidimos abandonar nuestra identidad, dejamos no sólo de ser judíos, sino que si un día decidimos volver a reconectarnos con lo "judío", es probable que la cosa ya no se parezca en nada a lo que habíamos dejado. El nuevo dueño hizo, con mejor o peor criterio, lo que le pareció mejor.

            Por eso, les propongo en este Purim, comprometerse a pleno con nuestra identidad. Una tradición milenaria, inmutable en el sentimiento, y en total movimiento en el pensamiento, prácticas y acciones.

            ¿Tu ser judío es tu orgullo? Actúa en consecuencia.
            Eso que aprendiste alguna vez te sirve. Siempre.

            Ahora sí.
            Durante el día de mañana a ayunar: Tzom Kal.
            Y a la noche recibir con cariño y amor el abrazo de tu identidad que te pide salir a festejar.

¡Purim Sameaj!

Meir Szames



[1] “Hefker” הפקר es la cosa abandonada, la cosa de nadie (res nullius).
[2] “Ieush” יאוש es la voluntad de dejar de poseer algo (pérdida del animus domini, para mis amigos abogados)

11.2.15

PARASHAT MISHPATIM Atá Ben Jorín – Sos libre

Shemot (Éxodo) 21:1 - 24: 18

                “Y éstas son las leyes que habrás de exponer ante ellos” (21.1). Ve-ele ha-Mishpatim… Así comienza la parashá de ésta semana. Una parashá hermosa, repleta de cosas para hacer, contando con la mayor cantidad de mitzvot de todo el libro de Shemot: 53. Es, a su vez, la continuación del relato de lo que ocurre en el Monte Sinaí, ya que, como explica Rashi, cuando al principio la parashá dice "Ve-ele" ‘y éstas’ viene a enseñarnos que, como los Diez Mandamientos son entregados en Sinaí, también todas "estas leyes" de Parashat Mishpatim son entregadas en Sinaí. Estas leyes incluyen muchas de las normas del derecho civil y penal del judaísmo: Esclavitud, el Shabat, responsabilidad, el robo, préstamos, fraude, idolatría, ofrendas a Dios, el falso testimonio, piedad hacia los animales, año de shmitá, festividades, sólo por citar algunas temáticas que nos ofrece ésta sección de la Torá. Todas ellas son también reveladas por Dios en Sinaí. Luego, la tradición oral (Mishná, Talmud, Halajá) reglamentará la aplicación genérica de las leyes.
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                La oreja: En el versículo siguiente, la primera ley que aparece, nos expone a un tema que a la lectura rápida llama la atención y es complejo: el esclavo hebreo. Leemos en el versículo 2 “Cuando comprares un esclavo hebreo…” ¡¿Cómo?! ¿Esclavo hebreo? Veníamos leyendo del final de la esclavitud en Egipto; del cruce del mar y la libertad física; de los Diez Mandamientos; y de repente, un esclavo hebreo. Difícil imaginar la situación y los motivos que llevan a la Torá a seguir éste orden de ideas. El posible motivo que nos da Rashi para ésta situación es, basado en el midrash, que la persona sea comprada de manos del tribunal (Beit Din) que lo vende a causa de un robo que ha cometido. Como lo detalla el texto de la Torá, ésta situación duraba como máximo seis años, ya que en el séptimo año saldría en libertad. (Hay otros motivos posibles de que una persona caiga en esa situación, los cuales son detallados en la Torá y el Talmud).
                Ahora, estas reglas sobre el “esclavo” no nos dejan de sorprender. Pocos versículos después nos dice la Torá: “5. Mas si decir dijere el esclavo: Amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no quiero salir libre. 6. Lo acercará su señor hasta los jueces, y lo acercará a la puerta o a la jamba, y perforará su señor su oreja con la lezna y lo servirá, por siempre”.
                Existía la posibilidad de que el esclavo llegase a estar cómodo y bien tratado por su amo y quisiera quedarse con él “por siempre” (Quiere decir hasta el año del יובל "Iovel" -jubileo-, trabajar hasta el "Iovel" no quiere decir trabajar 50 años, sino hasta la llegada del "Iovel", que ocurría cada 50 años). En ese caso, como lo relata el versículo citado, el amo tenía que presentarse ante una corte. Esta escuchaba la declaración insistente del esclavo y procedía a perforar su oreja. Al menos a mí, me resulta muy fuerte la imagen
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                Escucharemos: Al final de la parashá, aparece un texto muy conocido que dice: “24:7. Tomó Moshé el libro del Pacto y lo leyó a oídos del pueblo. Ellos dijeron: Todo lo que ha dicho Adonai haremos y aceptaremos (literal haremos y oiremos)”. El famoso “Naasé ve-Nishmá”. La aceptación por parte del pueblo de Israel de toda la Torá. Una vez que son entregados los Diez Mandamientos, una vez que se explican todas y cada una de las implicancias de la Ley, las mitzvot y sus particularidades, la Torá es escuchada y aceptada. Es hora de ponerse en acción.
                Lo llamativo es que la forma de aceptar que manifiesta el pueblo es escuchando.
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                La libertad: El primero de los Diez Mandamientos dice: “Yo soy Adonai, tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”. Adonai se presenta a sí mismo como el Dios de la libertad. Dios saca al pueblo de Israel de la esclavitud, para que no sirvan más a otras personas ni a falsas deidades, y  se dediquen a servirlo a Él.

                La persona cae en condición de esclavo, por no oír. Se podría decir que no escucha los mandamientos, cuando le dicen que no debe robar, cuando Dios le dice: no tengas otros dioses.
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                Hoy por hoy: En nuestros días, la esclavitud tiene plena vigencia y, según mi humilde visión, tiene dos formas:
                1) Es la esclavitud a la que cada de uno de nosotros se somete por voluntad propia. Sin necesidad de un faraón o de alguien que nos pegue con un látigo, nos sometemos a la esclavitud de la rutina, del dinero, del trabajo, de la desidia, del “no te metas”, etc. Es lamentable, pero es lo que cada uno de nosotros elige.
                2) La más grave y humillante hacia el género humano: aún en éste posmoderno siglo 21 hay personas que son sometidas por “faraones” modernos a los mayores vejámenes y trabajos forzados, ya sea en una fábrica hacinados o en un cuartito, por ejemplo. Hasta tienen nombres propios estos asuntos: Trabajo esclavo, trata de personas, por citar algunos de los tantos nombres que recibe la esclavitud en ésta época del mundo. Esto, no lo elige nadie por propia voluntad.

                Será el trabajo de cada uno de nosotros el re-aprender:
                A escuchar.         A escuchar a un ser querido que intenta aconsejarnos.
                                               A oír esa voz milenaria de nuestra Tradición que todos los días llega hasta vos. El reclamo de cada uno de los Profetas del TaNaJ que pide por una sociedad más justa y un mundo mejor. Estar atentos para no caer y no ser cómplices mudos de las injusticias. No caer esclavos del silencio, de la paralización y del miedo.

                A saber valorar lo que tenemos. Como decimos cada mañana en Shajarit: “Baruj Atá Adonai Eloheinu Melej HaOlam she-asani Ben Jorín”, Bendito Eres Tú Adonai, Dios Nuestro, Rey del Universo, que me haces libre. No permitamos que ésta Brajá (bendición) sea en vano. Hagamos de esas palabras una realidad. Para nosotros mismos y para todos.

SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Meir Szames


Éstas palabras de Torá están dedicadas a la bendita memoria de Margot Kofman de Schvetz (Margalit Tikva Bat Jaim Z”L), quien en vida luchara fervientemente contra las modernas formas de esclavitud y maltrato, y que su luz sigue iluminándonos a siete años de su partida física de éste mundo. ת.נ.צ.ב.ה.

28.1.15

TAN IGUALES COMO DIFERENTES

25- Tan iguales como diferentes 
(Capítulo 25 del libro “VIVIR SIN ETIQUETAS”, escrito por mi Rab Damián Karo, quien me facilitó éste texto para compartirlo)

Vimos que los seres humanos somos todos iguales y al mismo tiempo cada uno es único, irremplazable e irrepetible. Es solo una cuestión de perspectiva, de cuánto focalizamos: si abrimos suficiente el foco, somos todos iguales; si lo cerramos, somos todos diferentes. Somos todos iguales en nuestra condición de humanidad y a la vez cada ser humano es único y aporta algo singular a la vida, al grupo.
Todos somos parte de varias minorías y la vez de la humanidad toda. Dijimos que los seres humanos somos sociables, nos vinculamos con otros, vivimos en grupos y creamos cultura. En nuestra sociedad, la agrupación de los individuos y la segmentación son utilizadas para la dominación y para generar ventas. Puede que sea beneficioso para alguien, pero seguro no lo es para la mayoría de nosotros. En el “divide y reinarás”[1]aplicado en el que vivimos los que reinan puede que estén satisfechos, el interrogante es por qué lo legitimamos. Como vimos, en el momento en que dejamos de legitimarlo el sistema se desmorona. Sostenemos el régimen cuando nos enfrentarnos entre nosotros y, principalmente, cuando nos discriminarnos por nuestras diferencias. Recordemos que todos pertenecemos no solamente a uno sino a varios grupos al mismo tiempo y es lo que nos hace particularmente únicos. El collage que somos nos constituye.
Las diferencias surgen de nuestra originalidad y son precisamente esas diferencias las que nos enriquecen en el encuentro con el otro. En nuestra cultura esas diferencias han dado lugar también a la discriminación[2], la marginalidad y la exclusión. Como vimos, toda sociedad se compone de individuos, y estos debieran ser lo más importante y su satisfacción el objetivo principal. En la nuestra, se persigue el beneficio de pocos en detrimento de muchos. Vivimos en sociedades en las que la discriminación, la marginalidad y la exclusión han dejado a muchos con menos que nada. A todos como humanidad responsable del otro, de nuestro hermano, nos falta el alimento, la salud, la libertad, la educación, el trabajo, la vivienda, la dignidad.

Repasemos un poco de historia: la Declaración Universal de los Derechos Humanos se proclamó en 1948, con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El gran tema de la Segunda Guerra, no resuelto aún por la humanidad, se relaciona con las fabricas de la muerte y con la estruendosa complicidad del silencio mundial, en principio, siguiendo por los campos de exterminio y coronado por las masacres de Hiroshima y Nagasaki. La “novedad” fue la sistematización del asesinato y el silencio cómplice del mundo que lo permitió. Después de eso aparece la Declaración de los Derechos Humanos. ¿Acaso resolvimos como humanidad el problema central? ¿Dejamos de considerar a los que están del otro lado del mundo, a los diferentes de nosotros, como menos humanos que nosotros? No, no lo resolvimos. Por más convenciones que hagamos, declaraciones de derechos y tratados internacionales que firmemos, o no, no resolvimos nosotros en nuestro hogar, en nuestra mismidad, en las palabras que elegimos y con las que construimos un mundo que es bien distinto del que decimos que queremos. Por los temas no resueltos que dieron lugar y que permitieron a las atrocidades de la Segunda Guerra es que en la posguerra tantos pensadores han trabajado los temas de la otredad y la responsabilidad[3]. La discriminación, la marginalidad y la exclusión son problemas que continuamos aún sin resolver. Tampoco hemos alcanzado los ideales proclamados en la Revolución Francesa[4](1789) de igualdad, fraternidad y libertad. Las Declaraciones de Derechos Humanos son palabras que representan intenciones que calman nuestras conciencias, pero que no son suficientes para resolver los temas de fondo.

La marginación es hija de la discriminación. Marginamos y excluimos a los débiles o a los que queremos debilitar, y los llamamos “minorías” aunque no lo sean. ¿Qué es una minoría? Tomemos distancia un instante de la respuesta inmediata, pensemos con las palabras que mejor describen, las menos enmascaradoras, las que no están encubriendo sino ayudándonos a descubrir el meollo del concepto. Asumamos una posición que nos permita formular preguntas respecto de lo que estamos analizando; preguntas que, bien formuladas, son la mitad de la respuesta. Entonces veremos que una minoría es un grupo de individuos diferentes de nosotros, marginal. Es decir que nuestra cultura, además de ser dominante, nos formatea de modo tal que quien no sea idéntico a nosotros es menospreciado y la vez considerado una amenaza. Su modo de ser diferente por sí mismo cuestiona nuestra cultura. Al ser una sociedad inmadura, necesitamos de la constante aprobación de los demás. No es suficiente adorar a nuestro Dios sino que necesitamos que todos lo adoren. Porque es tan frágil nuestra fe que necesitamos que todos los demás la validen. Si estuviéramos maduros y seguros de nuestras ideas y deseos, si nos apropiáramos de nuestras elecciones, no precisaríamos de tantas confirmaciones externas. Porque sosteniendo que el errado es el otro confirmamos que nosotros estamos en lo cierto. Si otro es diferente, deja al descubierto que existe la posibilidad de ser distintos. Nosotros también podríamos cuestionarnos y re-elegir, y es a esa libertad responsable a la que le tememos. Como los animales nacidos, tras muchas generaciones, en cautiverio, estamos aterrados ante la posibilidad de que alguien se deje la puerta de la jaula abierta.
Al discriminar nos tornamos ridículos, analicémoslo y veamos: la acepción del término “minoría” es ajena a como generalmente la utilizamos, es grotesco pensar en que un grupo mayoritario puede ser llamado minoría. Por ejemplo, puede ser que haya más mujeres que varones, pero mientras el poder y la dominación estén en manos de los varones, seguirán siendo consideradas una “minoría”, débiles y vulnerables. En la era de las “comunicaciones” y “la aldea global” consideramos algo minoría, diferente y marginal según el lugar en el que nos encontramos, esto es por lo menos extraño. Por ejemplo, si en una ciudad somos mayoría los de nuestro credo respecto de los de otro discriminamos a estos considerándolos minoría olvidando, por otro lado, que en el país ellos son mayoría. Podríamos continuar con esta lógica y prestar atención a que América y Europa son minoritarios en terrenos y población, mientras se comportan como si fueran mayorías.
¿Otro ejemplo? Un chino en Buenos Aires puede ser discriminado como una minoría siendo los chinos por lejos mayoría en el mundo respecto de los argentinos. O también puede ser discriminado por cómo habla el español siendo que nosotros en China no hubiéramos hablado mejor el chino en el tiempo que el aprendió el idioma.
Maduremos, enorgullezcámonos de quienes somos y dejemos ya de burlarnos de los diferentes de nosotros; amémonos y podremos amar a los otros.

Discriminadores anti-discriminación
Muchas veces enarbolamos hipócritamente las banderas de los derechos humanos en pos de nuestro grupo. Supongamos que hubo una agresión contra alguien de un grupo al que pertenecemos. Vamos a marchar y a declamar por los Derechos Humanos por la no violencia, la no discriminación, el no ataque contra las minorías, que casualmente en este caso es la nuestra. Al día siguiente, otro grupo minoritario es agredido y convoca a una marcha reclamando lo mismo que nosotros en el día de ayer: la instrumentación y vigencia de los Derechos Humanos, de no agredir a las minorías y de que esa minoría no sea discriminada, etc. Ahora bien, si es cierto lo que proclamamos ayer debiéramos participar activamente hoy en la marcha. Si ellos están convencidos de lo que están proclamando, debieran haber marchado también con nosotros ayer. Y quien agredió —a los dos grupos— también pertenece a una minoría. Aquí está la trampa que una vez descubierta es la solución misma. El problema es que estamos reclamando egoístamente desde nuestro propio interés y no verdaderamente por los Derechos Humanos. No nos comportamos como si auténticamente adhiriéramos a ellos, sino que utilizamos los Derechos Humanos para nuestro propio beneficio. Si todos deseáramos y obráramos en pos de los derechos individuales y contra la opresión, la imposición, la diferenciación por sí mismas, todos iríamos a todas las marchas y repudiaríamos todos los actos de discriminación. Es decir, que no habría más ni marchas ni agresiones.

De nueras y yernos
Los míos, los tuyos, los nuestros
Cuando a alguno de los dos integrantes de una pareja le disgusta algo de alguno de sus suegros, en el caso que sea un tema para conversarlo, se sugiere que quien lo hable sea su hijo y no su yerno o nuera. Cada uno de los cónyuges puede enfrentar a sus padres, pero no es recomendable que lo haga con sus suegros. Si en la pareja hay un buen diálogo y cada quien habla con sus propios padres, entonces estos entredichos serán diluidos y olvidados en el transcurrir del tiempo. Esto es así ya que el amor de los padres por los hijos permitirá sanar las heridas, mientras que con el yerno o la nuera la anécdota quedará fijada en los malos recuerdos.
De manera análoga, si realmente nuestros valores son los que pregonamos, como los de los Derechos Humanos, sería más efectivo que cada uno los predique entre los de su propio grupo en pos de los de los otros. Si decimos creer en la no discriminación —y no es una excusa para que no nos discriminen a nosotros sino que verdaderamente creemos que la discriminación es negativa—, entonces podemos hablar con “los nuestros” contra la discriminación de todos “los otros”. Por ejemplo, si un judío les habla a favor del Islam a los judíos, van a escuchar mejor que si lo hace un islámico; los conoce mejor, comparte los códigos, las mismas sensibilidades y sabe cómo abordarlos. Pero si un islámico les habla a los judíos, es probable que no llegue su discurso a ser aceptado y hasta que sea contraproducente. Al judío que habla de no discriminar a los islámicos se lo puede condenar entre los propios, sin embargo ahí termina el asunto. Mientras que si el islámico les dice las mismas palabras, condenarán a todos los islámicos. Seamos coherentes en nuestros actos para que se cumplan nuestros deseos. Trabajemos para que los valores que pregonamos sean los que rijan nuestra sociedad, y pidamos para todos lo mismo que pedimos para nosotros. Ocupémonos de plasmar los valores en los que creemos para la humanidad y no solamente para nosotros.

Aquello a lo que no estamos acostumbrados, que pertenece a otra cultura, nos impacta. Si estuviéramos seguros en nuestra mismidad, con nuestro amor por nosotros, con nuestra felicidad, no estaríamos tan necesitados de definir, etiquetar, a quien acostumbra o elije otra cosa, como si fuera otro completamente ajeno a nosotros. Podríamos focalizar en que es o elije lo mismo que nosotros: ser libre, responsable y feliz; que está atravesado por su cultura y se libera hasta donde puede; que va siendo en sus elecciones, que no son ni buenas ni malas, ni propias ni ajenas, sino las suyas, y que es lo más amoroso posible consigo y con los otros.
Somos iguales, lo único que sucede es que usamos ropas diferentes, hablamos diferentes lenguas, adoramos dioses diferentes, disfrutamos de maneras diferentes, comemos alimentos diferentes, tenemos creencias diferentes, sistemas diferentes de familia, de sociedad, de vida, de medicina, de tecnología. No existe ningún problema en ello. Veamos qué podemos compartir y aprender de otras culturas. Compartamos saberes, costumbres, artes, estilos, ritos, ideas, creencias, y seguiremos siendo quienes somos.


[1] Nicolás, Maquiavelo, El príncipe.
[2] El Diccionario de la Real Academia Española define discriminar como: “Seleccionar excluyendo, dar trato de inferioridad a un individuo o colectividad”.
[3] Emmanuel Lévinas, Martin Buber, etc...
[4] Como dice Adolfo Aristarain en Lugares comunes.


22.9.14

ROSH HASHANA 5775 - “Una canción interesante”

                Rab Zushe pasó una vez por un prado donde un pastor, en medio de su rebaño de ovejas, tocaba una melodía con su flauta de sauce. Se acercó y escuchó hasta que la aprendió y pudo llevársela consigo. Así fue cómo la canción de David, el pastorcillo, fue liberada de su largo cautiverio.


                Hoy nos encontraremos todos en el Beit HaKneset, en la Sinagoga, dando inicio a un nuevo año.
                Y yo, por mi parte, llevo todo este año con una palabra dando vueltas en mi mente: INTERESANTE.
                Este pensamiento tiene que ver con los que a muchos de nosotros nos pasa, que la tradición del Pueblo Judío se nos escapa, o la dejamos escapar, ya que no nos resulta interesante.
                Pero si fuera así, ¿Qué hacemos todos nosotros hoy acá? Algo estamos buscando.

                Si revisamos el recorrido de nuestro pueblo, nos daremos cuenta que siempre hubo personas dispuestas a seguir adelante, a darle una vuelta de tuerca más a lo nuestro.
                Y si, si nos quedamos esperando que los demás lo hagan por nosotros, es probable que nos cansemos de quedarnos quietitos esperando, en lugar de salir a hacerle frente.

                ¿No se entiende aún lo que vengo a decir?

                Abraham Avinu siente que la forma de actuar de sus mayores no era adecuada, y se convirtió en un IVRÍ, un hebreo, una persona dispuesta a romper con los moldes de su época. Destruyó los ídolos del padre, y salió en búsqueda de su propio camino, guiado por la Voluntad Divina.
                Lo mismo pasa con Moshé Rabeinu, quien sale de la comodidad de ser príncipe en Egipto, y se decide a ser libre, libre de decidir en qué creer, cómo hacer. ¡Y vaya revolución que logra Moshé…! Hace más de 3000 años que venimos siguiendo su línea.

                Aun más, los judíos no vivimos en base a los cinco Libros de Moshé, sino que leemos esa Torá con los ojos del Talmud, nuestra Ley Oral. Hace poco menos de 2000 años, Nuestros Jajamim, de Bendita Memoria, quienes venían transmitiendo de modo oral la Ley entregada por Dios a Moshé en el Sinaí, se vieron obligados, por las persecuciones, a tener que escribirlas. Ya sin Beit HaMikdash - Templo de Ierushalaim -, sin korbanot (ofrendas), se vieron obligados por la situación e hicieron que el pueblo judío siga viviendo, haciendo interesante cada una de las leyes y costumbres, teniendo en cuenta las condiciones que inevitablemente nos traía aparejadas el exilio.
                Lo mismo que el famoso RaMBaM - Maimónides, Iosef Karo con su obra legal y cuantos más.
                En la misma línea, a través del movimiento sionista, tomamos una vez más nuestro destino en nuestras manos y vivimos una de las etapas de mayor florecimiento de nuestra vida como pueblo, y ya son más de 66 años de Medinat Israel.

                Esperemos un poco… ¿Qué tiene que ver todo esto con la fecha que nos reúne hoy?

                Hoy es IOM HADIN, el “Día del Juicio”, el mundo viene a ser juzgado. Todos los seres humanos nos presentamos ante Dios. Como pueblo judío venimos a revisar y rectificar nuestro andar, si hubiera necesidad, mediante la Teshuvá.

                ¿Qué es esto de que el mundo viene a ser juzgado?

                En el tercer día de la Creación del mundo según relata la Torá en Bereshit (Génesis) 1:11: “Dijo Elo-him: Germine la tierra césped / vegetación ... Y fue así”. En hebreo דשא הארץ תדשא tadshé ha-aretz deshe”.
                “DESHE דשא”, significa en hebreo césped, hierba, pasto. Como el que encontramos en un campo, en un prado. Como bien sabemos, Nuestros Patriarcas, el Rey David, y muchos otros dentro de nuestra tradición, eran pastores.
                Imagínense a aquél pastor del campo del cuento de Rab Zushe, רועה rohé, con su canción. Imaginemos, también, que cada persona tiene una melodía. Podrá ser una canción de nostalgia, quizás una canción de amor. Las hay tristes y alegres. Ensayadas e inéditas.

                Imagínate a ese pastor caminando por el verde prado.

                A nosotros mismos nos va a tocar ser “esebעשב pasto, y no un “etzעץ árbol. El árbol es firme, pero si viniera una tempestad, lo arrancaría.
                Nos toca ser עשב pasto, hierba, ya que el ser עשב “eseb” permite a la historia seguir. Viene el viento, nos despeina y nos volvemos a enderezar. Pero esta significación del DESHE, del pasto, tiene una significación simple y no visible a primera vista.
                El mundo viene a ser juzgado. A nosotros nos toca la tarea de hacer brotar el “DESHE דשא”, cuyas iniciales contienen tres palabras claves. DIN דין, SHALOM שלום, EMET אמת. Justicia, Paz y Verdad.

                Con esto respondemos hoy en Rosh HaShaná, con justicia, con paz y con la verdad. Sabiendo que no vamos a renunciar a nuestra tarea milenaria de continuar con la cadena de seguir proponiéndonos interesarnos y hacer interesante nuestra tradición como Pueblo de Israel.
                Nuestra respuesta será una canción del DESHE, siempre realizando acciones concretas: Buscando y persiguiendo justicia, anhelando y haciendo la paz y siempre respondiendo de corazón, con la verdad.
                Será una canción de amor por lo nuestro y los nuestros.

                Que este 5775 nos traiga JUSTICIA, PAZ y VERDAD, que nos traiga un año de cosas dulces y mucha alegría, y la posibilidad y concreción de seguir haciendo crecer a nuestra Kehilá.

שנה טובה ומתוקה
SHANÁ TOVA UMETUKA


Meir Szames

3.7.14

PARASHAT BALAK - “CONOCIENDO AL PROFETA MIJÁ”

                Esta semana corresponde la lectura de Parashat Balak (Bemidbar – Números 22:2 – 25:9) y su Haftará corresponde al Profeta Mijá, capítulos 5:6-6:8.
                La Haftará es una porción de Biblia, por lo general perteneciente a los libros de los profetas, que acompaña desde antaño a la lectura de la Torá.
                Les propongo esta semana, centrar nuestras miradas en este particular profeta del pueblo de Israel.
                El Profeta Mijá, cuyo nombre parece abreviatura de Mi-ka-yá (¿Quién como Adonai?), vivió entre los años 750 y 690 a.e.c., siendo contemporáneo de Ieshahiahu, Hoshea y Amós.
                Según el testimonio de Irmiahu 26:18, “ancianos” de la época relatan que Mijá había profetizado bajo Hizkiahu, rey de Iehudá.

                El libro de Mijá - uno de los doce libros menores de los profetas – cuenta con siete capítulos. En ellos, faltan algunos de sus rasgos biográficos, así como datos históricos de su época.

                Una de las características de este profeta es que, al referirse a los desposeídos, nunca los llama “pobres o menesterosos”: más bien se refiere a ellos con el titulo de nobleza “hammi” - mi pueblo -, queriendo significar “el pueblo de Dios.

                Un versículo sólo (Mijá 6:5) articula la analogía entre esta Haftaráh y Parashát Balák: “Pueblo Mio recuerda ahora qué había tramado Balák, rey de Moab, y qué le hubo contestado Bilhám, hijo de Bejór, desde Shittím hasta Guilgal, para que se hayan de saber las bondades de D’s.

                Los pasajes principales de nuestra Haftará los encontramos en el capítulo 6, entre los versículos 1 a 8. En los mismos, el profeta interpela al pueblo, y a quien lo escuche, preguntando qué debería ser ofrendado a Dios. ¿Grandes ofrendas materiales para complacer a Dios? ¡No! “Te ha dicho a ti, hombre, lo que es bueno y lo que Adonai requiere de ti, pues solamente hacer justicia, amar la benevolencia y encaminarte con recato con tu Dios” (Mijá 6:8).
                Este versículo es el que eleva aún más al Profeta Mijá.
                Basándose en la esencia misma de la Torá, la resume en tres valores genéricos que, a sus ojos, sintetizan lo que bueno y lo que Dios pide a las personas:
a) hacer justicia, que según Abarbanel incluye todos los preceptos “bein adám lajaveró” .entre el hombre y su prójimo, que regulan y ordenan la relación en la dimensión entre congéneres.
b) amar la benevolencia, según Abarbanel en referencia a las situaciones en que la persona tiene que actuar “lífnim mishurát hadín”, renunciando a los propios derechos en aras de la armonía social.
c) encaminarte con recato con tu Dios, que según Abarbanel significa estar al Servicio de Dios, no solamente en público, sino en lo más íntimo de nuestro ser. O sea aferrarnos a la fe en Dios, que resulta a veces, invisible a los ojos del prójimo.

                Un mensaje poderoso nos deja este versículo, más allá de su análisis dentro del contexto de la profecía de Mijá.
                Al final de Parashat Balak veremos como una parte del pueblo, reflejada en el actuar de Pinjás (Bemidbar 25:7-8), parece entender que lo que desea Dios es un actuar “pasional y punzante”.
                Y Nuestros Sabios, por otro lado, contraponen esta porción del Profeta Mijá. No es casual. Ellos eligen otra visión del mundo.
                Nuestro pueblo, y la humanidad toda, no están compelidos por Dios a la violencia. Muy por el contrario, a través del profeta se nos dice: A NOSOTROS HOMBRES, SEPAMOS LO QUE ES BUENO Y LO QUE ADONAI REQUIERE DE NOSOTROS, SOLAMENTE HACER JUSTICIA, AMAR LA BENEVOLENCIA Y ENCAMINARNOS CON RECATO CON NUESTRO DIOS.

                En tiempos donde la violencia es la única respuesta, hay que buscar la paz.

¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ! Un Shabat de paz y bendición
Meir Szames